1. Escribe cada noche antes de acostarte cinco cosas buenas que te hayan pasado a lo largo del día. Pueden ser tan nimias como que el orista de la esquina te haya dicho "buenos días" o que hayan puesto una de tus películas favoritas en la televisión. Así te entrenarás en  jar tu atención no sólo en lo negativo. Es un cambio de actitud.
  2. Presta atención a cómo te hablas a ti mismo. Que se te rompa un vaso no signi ca que seas un desastre, ni suspender un examen que no sirvas para los estudios. El lenguaje es muy poderoso y la forma en que nos hablamos puede echar por tierra nuestra autoestima y, con ella, la con anza en que las cosas puedan irnos bien. Procura hablarte como lo harías a un amigo en vez de juzgarte como si fueras tu peor enemigo. "Seguir usando una y otra vez palabras llenas de negatividad no sólo no nos va a ayudar a resolver los problemas que esas mismas palabras describen, sino que, muy al contrario, lo va a hacer aún mucho más difícil", escribe el Dr. Mario Alonso Puig en su obra Reinvertarse (Plataforma).
  3. Disfruta del instante. Siéntate en un banco en el parque o da un paseo  jándote en todo tu alrededor. No dejes que los nervios por la reunión de esta tarde o el enfado por el atasco de esta mañana te impidan apreciar la caricia del sol o la sonrisa de un desconocido.
  4. Saborea las cosas. Date tiempo para apreciar lo que comes, lo que lees o lo que ves. Disfruta del tiempo que pasas con tus hijos, tu novio, tu novia o tus amigos. Olvida el piloto automático.
  5. Si te falta tiempo, apaga el televisor. En numerosas ocasiones, la llamada "caja tonta" hace que nos olvidemos de las preocupaciones, pero al mismo tiempo nos impide re exionar.
  6. Haz cosas que te gusten. Ya sea la fotografía, la danza, el ajedrez o el macramé, por ejemplo. Nadie va a darte una medalla por cargar tu día de obligaciones y, además, negarte momentos para ti hará que tus reservas de optimismo se agoten muy rápido.
  7. Relaciónate. Llama a tus amigos, apúntate a un grupo de lectura o a un huerto comunitario. No sentirnos aislados aumenta considerablemente el optimismo.
  8. Si quieres conseguir algo, ve paso a paso. Organízate y ponte metas asequibles a corto plazo. Y felicítate por cada uno de tus logros por pequeños que sean.
  9. El optimismo es contagioso. Rodearte de personas positivas te ayudará a serlo más. Un buen ejercicio es que analices con profundidad qué amigos o compañeros te cargan de energía negativa. Quédate con los que te aporten la positiva, el resto no ayuda.
  10. Ayuda a los demás. Hacer algún tipo de voluntariado o simplemente ayudar a un vecino mayor a subir la compra a casa nos demuestra que podemos tener un impacto positivo en los demás. Y es que, a través de acciones pequeñas y cotidianas, es posible hacer una buena obra y sentirse mejor. ¿A qué esperas? Ponte en marcha.

¡20 frases sobre la felicidad!