La vida nos plantea retos, adversidades y pruebas que exigen lo mejor de nosotros mismos ya que la vida es dinámica, inestable e incontrolable. La adversidad es cosustancial y a menudo tendremos que vernos cara a cara con la frustración, la enfermedad, la muerte, el dolor o el desengaño. Pero lejos de huir de los problemas, el mejor consejo es que aceptes que se trata nada más de una dificultad que puede ser resutela. Aprende a plantarle cara con estas 15 estrategias que te proponemos. 

1. No huyas. La adversidad siempre estará ahí, esperándote, reclamando tu atención, pidiéndote que la gestiones; hasta que no te ocupes de ella no desaparecerá. Creemos que el tiempo lo cura todo y nos imaginamos que en algún momento por arte de magia nuestros problemas se solucionarán. Puedes creerlo, sin duda, pero mi mejor consejo es que entretanto que no ocurra el milagro, te ocupes activamente de solucionar la adversidad. 

2. No te aísles. Ante un problema solemos aislarnos por lo que perdemos la tan necesaria perspectiva... Habla con tus amigos y personas de confianza, ellos te podrán facilitar un nuevo punto de vista que expandirá tus horizontes. La adversidad es una pesada carga que se lleva mejor en compañía. 

3. No caigas en la impotencia. A veces creemos que no podemos hacer nada y nos olvidamos de que siempre hay un camino, siempre. Cuando caemos en la impotencia nuestra razón se nubla, nos cuesta más pensar creativamente y las posibles soluciones con las que podríamos contar se ven reducidas a una única alternativa, la huida. 

4. Una adversidad supone un cambio momentáneo de tu realdidad, a veces incluso, supone un cambio permanente. Acéptalo y dedícate a conocer el nuevo marco, la nueva realidad en la que te encuentras. Busca información, consejos, ayuda de un profesional... Pero actualiza tu marco de referencia vital. No sirve de nada mantener las convicciones del pasado si la realidad es otra. 

5. Asume que estás frente a un reto y que tienes que tratarlo como tal. Si eres capaz de transofrmar un problema en un desafío estarás activando toda tu fortaleza emocional y la estarás poniendo al servicio de tus necesidades. Un reto siempre es algo positivo y estimulante, mientras que un problema es algo negativo que induce al bloqueo. 

6. Fija tu atención en el largo plazo. Muchos de los problemas a los que nos tenemos que enfrentar o adversidades que tenemos que gestionar implican tomar decisiones que son incómodas a corto plazo, pero que sin duda, tendrán repercusiones positivas a medio y largo plazo. Define cómo quieres verte, será la mejor de las motivaciones. 

7. Centra tu energía en el corto plazo. La gestión de la adversidad requiere de una acción inmediata. Da los primeros pasos, toma las primeras decisiones. Es posible que estés desorientada, pero citando al conejo de Alicia en el país de las maravillas, cuando no sabes hacia dónde ir, cualquier camino es bueno. 

8. Acepta lo que no puede cambiarse. Marco Aurelio -emperador y filósofo estoico- nos propone que cambiemos aquello que puede ser cambiado, que aceptemos aquello que no pued eser cambiado, pero lo más importante de todo, que aprendamos a distinguir aquello sobre lo que podemos ejercer un control de lo que no. Afronta la realidad cuando puede camnbiarse, pero de no ser así, lo más sabio es que aceptes lo ocurrido para poder, así, empezar a construir una nueva etapa. 

9. ¿Cómo te hablas? Analiza tu dialogo interno ya que es posible que no te esté inspirando confianza. ¿Qué te dices a ti misma? ¿Cómo estás viendo la adversidad? No existe ninguna razón por la que no puedas ser capaz de afrontar la adversidad, pero hasta que tú no te lo creas y no lo asumas, es posible que no puedas con ella. 

10. Calma, ante todo. Si hay personas que dependen de ti, transmite serenidad y tranquilidad. Estás trabajando en la solución de la adversidad, lo cual posiblemente requiere un tiempo. Además, no olvides que tus hijos, por ejemplo, ni tienen toda la informaicón que tú tienes, ni saben lo que te pasa por la cabeza, ni pueden predecir lo que ocurrirá; así que para gestionar su ansiedad, lo mejor es que tengan algo de información y que te vean serena, trabajando para solucionarlo. 

11. Toma tus propias decisiones.  A veces renunciamos a algunas cosas por otras personas y esta renuncia implica una actitud pasiva y una descarga de responsabilidades. Solucionar una adversidad requiere, sí o sí, de tomar decisiones, algunas de ellas incómodas. Mi consejo es que seas tú quien toma las decisiones que van a afectar a tu vida. 

12. Cultiva el optimismo. No te confundas: una actitud optimista no tiene nada que ver con una actitud ilusa. Una persona ilusa cree que todo se solucionará por arte de magia, mientras que una persona optimista sabe que puede ser parte de la solución del problema y que es capaz de dar respuesta a las adversidades que vaya sufriendo. 

13. Sí, también puede ser una buena ocasión para... Trata la adversidad como una oportunidad para aprender y reorientar tu vida. Una adversidad, a veces es fruto de la mala suerte, pero en otras ocasiones es la consecuencia de algunas acciones, esquemas o ideas que no funcionan o no se adaptan al entorno en el que estás inmersa, suponiendo un escollo para tus avances. Quizás ha llegado el momento de replantear la forma en la que estás viviendo y replantearte tus objetivos vitales. 

14. Encuentra una salida para tus emociones, para descargar la tensión y para retomar fuerzas. Regenérate porque la guerra contra la adversidad no se gana en una única batalla. Crea oportunidades para experimentar emociones positivas ya que te van a permitir regenerarte y recuperar la perspectiva que tanto necesitas. Gestiona el sentimiento de culpa si aparece. No es tan importante si tienes la culpa de lo que ha pasado o no, como si estás dispuesto a gestionar lo que ha pasado y a aprender de lo ocurrido. 

15. Sé valiente pero con conciencia. Sé prudente y no asumas ningún riesgo que resulte inncesario. A menudo nos ofuscamos por salir de la adversidad -tan incómoda- a toda costa y sin darnos cuenta damos por válida la primera opción que nos pasa por delante. Esa actitud podría perjudicarte. Reflexiona y analiza las opciones que se te presentan, has de tomar decisiones... Pero de la misma manera, cuando sea necesario, no te instales en la duda paralizante y sé valiente, que no temeraria.