1. Ten capacidades para aceptar las críticas. Cuando recibas una crítica no te prepares para justificarte o defenderte. Trata solo de buscar más información: “Lo entiendo, esto es un error, ¿hay algo más que te gustaría que modificara?” Las críticas sirven para aprender. Si se trata de un error por falta de atención, pide disculpas y ofrece rápidamente una solución. Si se trata de un error fruto de salir de la zona confortable y haber hecho las cosas de forma diferente, di que estás intentando aportar y que no siempre vas a acertar. Si tienes dudas de qué se espera de ti, ¡pregunta!: “¿Cómo te gustaría que recogiera esa información?” No eres adivina. Preguntar no es de débiles.

2. La gestión de las emociones: ellos no cambian, tú sí puedes (cuidarte). Manejar el estrés depende de nuestra capacidad de organización, de compaginar la vida laboral con una vida plena llena de pequeños placeres, practicar técnicas de relajación, meditación o yoga, hacer deporte, reír y fomentar el humor. Poner otro ritmo a la vida te hará sentir mejor. El cliente impertinente seguirá igual, pero tu nivel de activación habrá disminuido si te dedicas a cuidarte por dentro.

3. La interpretación del entorno. La atención es selectiva. Puedes elegir a qué prestarla. Agradece cada día algo como parte de tus hábitos saludables. Con este ejercicio te obligarás a estar más pendiente de lo que te hace sentir bien. Lo que te hace sufrir y no depende de ti te consume energía inútil. Relativiza, no hables todo el día de lo que va mal porque con ello te conviertes en una persona tóxica para ti y para los demás. Cada vez que te sientas injustamente tratada o vivas una situación que no te gusta, dilo. De forma asertiva. Callar y hablar a las espaldas te llena de resentimiento y odio.

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