1. Ponernos chanclas cada vez que nos duchemos fuera de casa es la primera regla que hay que seguir. Ya se trate de la ducha de una piscina pública, de un vestuario, de un hotel o de casa de unos amigos, debemos calzarnos para prevenir posibles contagios. Esto también se aplica si vivimos con alguien que tiene hongos o si nos salen a nosotros: es el método más eficaz de mantenerlos a raya.

2. El calzado que usamos en verano es fundamental para prevenir la aparición de hongos. Es mejor llevar sandalias o zapatos abiertos y, si debemos llevar calcetines o zapatos cerrados, conviene intentar que sean lo más fino posible, que transpiren y que no aprieten. Si sudamos y el pie no transpira, estaremos creando las condiciones idóneas para que los hongos aparezcan.

3. Hay que cuidar los pies de forma especial. Después de ducharnos o sudar mucho, es recomendable secárnoslos muy cuidadosamente (haciendo hincapié entre los dedos). Después, podemos hidratarlos bien, insistiendo en las zonas que estén más secas y ponernos, por último un poco de polvos de talco. También hay que ser muy cuidadosos con las toallas, y no usar ninguna que esté húmeda o sucia.