En su bestseller inspiracional Las nueve revelaciones, James Redfield hacía una interesante clasificación de las personalidades que tratan de apoderarse de la atención de su entorno. El autor parte de la base de que en las relaciones más o menos tóxicas hay una guerra encubierta por capturar la energía del otro. El modo en el que eso sucede depende del carácter y la estrategia adoptada, que Redfield divide en estos cuatro tipos:

1. El intimidador. Nos hace sentir inseguros o incómodos en su presencia. Las cosas que dice y hace apuntan a que en cualquier momento puede dejarse llevar por un ataque de rabia o violencia. Así es como capta nuestra atención y nos atrae, aunque sea por miedo, hacia su punto de vista.

2. El interrogador. Utiliza la crítica para minar nuestra autoestima. A través de la manipulación, procura obtener el máximo de información para dar con una brecha que nos haga sentir inseguros. Cuestiona o censura nuestro modo de vivir para ejercer su autoridad sobre nosotros.

3. El distante. Es fácilmente reconocible porque, en un evento social, se apartará del grupo para hacerse notar, adoptando un aire melancólico o malhumorado. Su estrategia es lograr que nos acerquemos con una pregunta del tipo "¿Te pasa algo?" para apoderarse de nuestra atención.

4. El "pobre de mí". No tiene fuerza suficiente para competir directamente por la atención, pero lo consigue a través del victimismo. Esta estrategia tan extendida se basa en ganar la compasión con los lamentos. Así logra ser el centro y arrastrarnos hacia su tragedia, anulando otra realidad.


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