No son pocas las ventajas que tiene para el ser humano el hecho de madrugar mientras que para la mayoría de la población el mero hecho de poner el despertador para que suene antes de las 8 de la mañana ya supone todo un calvario. ¿Es que siempre tiene que ser bueno todo lo que no nos gusta? Efectivamente, no todo, aunque en este caso lamentamos confirmar que sí: madrugar conlleva una serie de beneficios en nuestro estado físico y mental que merece la pena que conozcas. Y a lo mejor una vez sabiéndolos te cuesta un poco menos parar el despertador. Cosas de la biología.

Al dicho de “no por mucho madrugar amanece más temprano”, le crecen los enanos. Y es que según la ciencia, es precisamente cuando amanece cuando resulta ser el momento óptimo para levantarse. Pero, ¿qué sucede con la salida del sol?  Pues que a nivel físico es el momento en el que cesa la secreción de melatonina y aumenta nuestra presión arterial. Además, aumentan también la temperatura corporal, la glucosa  y es cuando el cortisol tiene su pico más alto.

Según una investigación realizada por la Universidad de Toronto, en Canadá, y publicada en Emotion, la revista de la Asociación Americana de Psicología, las personas que madrugan –los ya conocidos como morningophiles tienden a ser más felices, ya que nuestra mente está más despejada, más calma y tenemos un mejor control del tiempo para afrontar lo que puede suceder durante el día.

Biológicamente, nuestro organismo se prepara para un nuevo día del que, madrugando, conseguirás:

  1. Tomarte las cosas con más calma: al madrugar, se tiene más tiempo para uno mismo, para pensar y organizar el día.
  2. Disfrutar del silencio: generalmente las primeras horas del día son también las más silenciosas. Es un momento de paz que nos permite sentirnos bien porque hay menos ruido.
  3. Desayunar con calma: la comida más importante del día es una de las que más aceleradamente realizamos de lunes a viernes. El mero hecho de madrugar nos permite tener más tiempo para dedicarle al desayuno, que además cogeremos con ganas puesto que  nuestro estómago también “ha despertado”.
  4. Hacer ejercicio: prácticas de mañana como el yoga o el running nos sirven para activar nuestro organismo y comenzar el día mental y físicamente más equilibrados. Además, practicar ejercicio por la mañana acelera el metabolismo y agudiza la agilidad mental.
  5. Y en la práctica: ahorrarte los atascos. Si toda tu rutina de mañana se adelanta: ejercicio, ducha, desayuno, etc., también puede hacerlo tu llegada a la oficina, donde además de ahorrarte algún que otro atasco, también serás más productiva porque estarás más despejada.