La creatividad no es una cualidad excepcional y restringida, reservada a unos pocos. Así lo reconoce un estudio reciente coordinado por el Hospital Sant Joan de Deu orientado a fomentar la creatividad en los más pequeños. En contra de lo que se cree, sostiene el trabajo, la creatividad no es (sólo) una aptitud innata, sino que puede desarrollarse y potenciarse si se trabaja desde la infancia.

La expresión de la creatividad no aflora siempre de forma natural, sino que nos topamos con obstáculos o barreras que la frenan. A veces, de forma parcial; otras, total. De modo que el primer paso para dar rienda suelta a la imaginación es identifica a sus némesis y buscar fórmulas que nos permitan sortearlas o, al menos, atenuar su presencia. Aquí te destacamos cinco de los que más coartan la libertad de la mente:

1. Miedo a la no creatividad. Parece una perogrullada, pero el temor a no ser suficientemente creativo es seguramente el mayor bloqueo que podemos sufrir. Como siempre en estos casos, es mejor pasar de la preocupación a la acción. Dejar que fluyan las ideas y frenar la ansiedad.

2. Miedo al rechazo. La creatividad no prospera si una persona está preocupada por un resultado negativo. Dar libertad a la mente implica moverse en un terreno alejado de lo convencional, salirse de la norma, que es precisamente lo que potencia el temor al rechazo. Hay que aprender a moverse en ese terreno porque es el más fértil.

3. Miedo al fracaso. Cualquier idea, toda decisión implica un riesgo, de modo que quizá es más práctico aprender a entender el fracaso como una parte inevitable del proceso creativo.

4. Intolerancia. La soberbia no sólo puede llevarnos a tener la sensación de estar por encima de los demás, sino a menospreciar sus ideas. Abrirse a las ideas de los demás es la mejor forma de potenciar y enriquecer nuestra creatividad.

5. Plagio. La mediocridad se instaura sin duda cuando somos incapaces de crear por nosotros mismos y nos entregamos a lo fácil: aferrarnos a las aportaciones ajenas.