1. Beber un vaso de agua caliente en ayunas sirve para depurarse. "No hay ningún tipo de evidencia científica ?señala el dietista y nutricionista José Antonio López? que permita afirmar que beber agua caliente elimina las toxinas. Es más, si se trata de limpiar el riñón, es completamente indiferente que el agua se tome fría o caliente".

2. Las botellas de agua mineral que se guardan en el coche causan cáncer al recalentarse. Este rumor surgió en 2003 y, aunque ha sido desmentido muchas veces, resucita cada verano. La propia Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición desmintió este bulo en 2008. Los envases de uso alimentario actuales no tienen dioxinas que migren del plástico al agua mineral. Incluso admitiendo que el envase fuera de policloruro de vinilo (PVC), que no es el caso, debería calentarse por encima de 200 grados centígrados para que pasase.

3. Beber agua muy fría ayuda a quemar calorías. Aunque ingerir agua templada permite beber más cantidad, corre el rumor de que beber agua muy fría sirve para adelgazar, ya que obliga al cuerpo a calentarla a 37 grados para asimilarla. Sin embargo, además de que beber agua helada es una agresión en toda regla para la garganta, todavía hay algo más relevante: según las leyes de la termodinámica, para calentar 200 mililitros de agua a 37 grados se necesitan 7,4 calorías, una cantidad ridícula. "Hacer la cama o limpiar los cristales de la casa durante cinco minutos quema más calorías", ironiza José Antonio López.

4. Beber agua antes de las comidas ayuda a adelgazar. El agua tiene cero calorías con independencia de cuando la consumamos. "Lo que sí es cierto ?explica el nutricionista José Antonio López? es que al ser el estómago un reservorio de alimentos con una capacidad determinada, si lo ocupamos con agua caben menos alimentos. Para las personas obesas resulta una buena idea tomar un vaso de agua antes de comer, pero, no porque adelgace sino, simplemente, porque les ayuda a sentirse un poco más saciadas".

5. El agua, al ser tratada con cloro, nos lleva a tomar más cantidad de sal de la que nos conviene. Lo desmiente Carlos Iglesias, responsable del departamento de Nutrición de la Universidad Alfonso X el Sabio de Madrid, el cloro del agua del grifo no incrementa la cantidad de sodio que tomamos con la dieta.

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