Las técnicas de meditación suelen anunciarse como un antídoto contra los estados de estrés. Se sabe que los estados nerviosos mantenidos en el tiempo son un factor de riesgo para la salud. Por este motivo, en los últimos años la ciencia también ha destacado de esta práctica milenaria sus beneficios en problemas como la hipertensión o el dolor crónico. Además, ya en los años 80, Jon Kabat-Zinn, uno de los pioneros en introducir el mindfulness o atención plena en el mundo occidental, implantó su método en centros hospitalarios. Te detallamos algunos de los trastornos de orden físico y emocional que pueden mejorar las técnicas de meditación. 

Riesgo cardiovascular

Aunque no puede ser sustituto del tratamiento convencional, la meditación podría reducir un 48% el riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y la mortalidad en pacientes con enfermedad coronaria. Es lo que pone de manifiesto un estudio publicado en 2012 por la revista Circulation, en el que 200 personas con patologías cardiovasculares siguieron durante más de cinco años un programa de meditación trascendental. Esta técnica de meditación consiste en sentarse con los ojos cerrados y repetir un mantra durante 15 o 20 minutos. En concreto, los resultados fueron una reducción de los efectos nocivos del estrés sobre la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

Dolor lumbar crónico

El dolor en la parte baja de las espalda –lumbalgia– afecta de forma crónica a un 18,6% de la población española, según datos del último informe anual del Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad. Diversos trabajos señalan que el mindfulness mejora esta dolencia, como es el caso del publicado el pasado año en JAMA Internal Medicine por investigadores de la Universidad de Pittsburgh, que evidenciaron que tras un programa de mindfulness usado para mitigar el estrés, los pacientes redujeron el dolor a largo plazo y mejoraron la movilidad. Los participantes aprendieron a meditar con técnicas de respiración dirigida, prestando atención a los pensamientos y a las sensaciones del cuerpo durante la práctica en diversas posturas.

Reduce la depresión y la ansiedad

Se ha observado que hacer meditación a diario durante media hora puede mejorar los síntomas de estos dos trastornos cuando no se manifiestan de forma grave, según un estudio de la revista Journal of Internal Medicine. En esta investigación, con una muestra de más de 3.500 participantes, se constataron los beneficios de un programa basado en técnicas de meditación centrada –que, principalmente, consisten en fijarse en la respiración–. Tras seis meses de duración, los investigadores vieron que las mejoras en el estado emocional y físico de los participantes persistieron.

Refuerza el sistema inmunitario

Hace más de una década, en 2003, la revista Psychosomatic Medicine publicó un estudio acerca de cómo esta práctica puede aumentar el número de anticuerpos –las proteínas que produce el sistema inmunitario al detectar sustancias nocivas–. En concreto, se observó que los anticuerpos tras la vacuna de la gripe aumentaban de forma significativa en las personas que meditaban respecto a las que no lo hacían.