Muchas cosas han cambiado desde que la ropa se lavaba con jabón de grasa animal; la vajilla, con ceniza; y los dientes, con bicarbonato. Las tareas domésticas y la higiene personal son más sencillas y agradecidas ahora… pero también pueden ser más tóxicas. Si te preocupa la exposición constante de tu familia a las sustancias químicas y quieres reducir su presencia en el hogar, puedes recuperar algunas fórmulas de antaño que sí son seguras. Toma nota:

1. Perfumar la casa

Unas ramitas de canela o un poco de lavanda alcanzan para perfumar pequeños espacios, como armarios, cajones o roperos. Para aromatizar ambientes más amplios, solo necesitamos una naranja y una bolsita con clavos de olor. Pinchamos varios clavos en la naranja y ¡listo! Cuantos más clavos utilicemos, más intensa será la fragancia.

2. Desengrasar y blanquear

El limón es un gran aliado para quitar grasa y blanquear la vajilla. Su jugo es un potente eliminador de manchas, grasa y suciedad. Mezclado con agua caliente, por ejemplo, quita las manchas de té o de café de las tazas.

3. Cristales y ventanas

Si no quieres usar el típico limpiador de cristales, puedes utilizar vinagre. Mezcla 4 tazas de agua con ¼ de taza de vinagre. Humedece una esponja con esta combinación para limpiar cristales y espejos, y sécalos con papel de periódico. Quedarán perfectos.

4. Bañera y azulejos

La bañera, el lavabo y los azulejos suelen acumular cal y restos de jabón. Para devolverles la limpieza y el brillo originales, puedes usar bicarbonato, que funciona como un abrasivo suave y no raya las superficies. Humedece una esponja con agua, espolvorea un poco de bicarbonato y frota. Enjuaga bien y luego seca. Si quieres hacer una limpieza más profunda, haz una pasta con bicarbonato, agua y sal.

5. Limpiar metales

Para limpiar metales —especialmente, plata—, coloca un trozo de papel de aluminio en un recipiente de loza o cristal. Pon los objetos metálicos que quieras abrillantar. Echa un puñado generoso de sal y cúbrelo todo con agua bien caliente. Deja reposar hasta que el agua se enfríe, enjuaga los metales y sécalos con un paño suave. Este truco funciona muy bien con los collares y las pulseras de plata que se han quedado negros.

Otro consejo que te damos, y que tu abuela puede que no supiera, es elegir bien los táper que compramos. El plástico que está en contacto con los alimentos —como el del táper, los envases flexibles o las botellas— suele contener bisfenol A (BPA) y ftalatos. Estas dos sustancias son disruptores endocrinos, es decir, químicos que pueden alterar nuestra producción hormonal, aumentándola o disminuyéndola. Y tienen una característica inquietante: su efecto en el sistema endocrino no es inmediato, sino lento y acumulativo. ¿Qué hacer?

• Si compramos envases plásticos, elegir aquellos que sean “libres de bisfenol A” o “libres de BPA”.

• Sustituir los táperes de plástico por recipientes de vidrio, ya sea para almacenar en la nevera o para calentarlos en el microondas.

• Si compramos comida precocinada, ajustar los tiempos de cocción a las indicaciones del fabricante (y caliéntala en vidrio).

No rellenar las botellas de plástico y menos con líquidos calientes.