Imagina un partido de squash o de pádel, el deporte de raqueta rey de esta década. Cuando tu rival, con toda la astucia, te dirige una pelota hacia la pared tienes dos opciones para devolver la bola en las mejores condiciones y seguir vivo en el punto: anticiparte y lanzar el golpe antes de que la pelota impacte en la pared o pegarte a ella y activar todos tus sentidos para devolver el golpe tan pronto golpee en la pared.

Basta esta imagen para ilustrar las dos alternativas de las que disponemos a la hora de afrontar el conflicto y sobre todo, para justificar por qué es aconsejable anticiparse a ellos. Esperar a que el golpe impacte en la pared siempre puede modificar la trayectoria del balón y complicar mucho un punto sencillo, mientras que anticiparse siempre garantizará seguir vivo en el punto. Dependes de ti mismo. Y de tu pericia.

Si quieres aprender a golpear las bolas antes de que impacten en la pared y se tornen impredecibles, toma nota de nuestros consejos:

1. Asume el conflicto. Partiendo de la base de que hay tantas realidades como personas la observan no es complicado entender que entre tantas miradas el conflicto está a la orden del día. Aprende a normalizarlo, no lo temas.

2. La asertividad, tu mejor arma. Ante un conflicto se distinguen fundamentalmente tres personas: las que se dejan llevar por la corriente dominante y evitan el conflicto, las que se enfrentan de forma autoritaria y agresiva y las asertivas, personas que no temen expresar su discrepancia y que pueden hacerlo de forma pausada.

3. Siempre en positivo. Transforma las quejas en peticiones y las críticas destructivas en críticas constructivas. Puedes conseguir lo mismo, pero discurrirás por un camino más llano.

4. Evita discusiones recurrentes. Pretender cambiar la forma de pensar o de ser de las personas nunca nos lleva a nada bueno. Si sabes que hay temas conflictivos, evítalos. Cuando son recurrentes, las posturas tienden a radicalizarse.

5. No saques tus propias conclusiones, pregunta. Todos tendemos a interpretar acciones, palabras y gestos y a generarnos mil y a hacernos nuestra propia película. Antes de hacer cábalas y malpensar, por qué no optar por preguntar de forma inocente y zanjar dudas de inmediato.

6. Autocrítica. Evita dejarte llevar por una discusión, por acalorada que sea, y admite tus errores y equivocaciones. Eso siempre permite que tu interlocutor baje la guardia y se vuelva más razonable.