Al practicar ejercicio físico, pecar por exceso es casi siempre una mala elección. Aunque el deporte sea pieza básica de un estilo de vida saludable, sobrepasarte con las tablas de plank para un vientre firme, las carreras o el power walking te puede precipitar al malestar tanto físico como emocional. Tu erudito cuerpo te alertará en el caso de que llegues a tal situación y estos son algunos de los síntomas del sobreentrenamiento que no debes dejar de atender.

1. Demasiada fatiga. Hay ejercicios que aportan de todo menos placer –a pocas conocerás que vibren de gusto con una rutina de sentadillas–. Y tras el esfuerzo, es normal que el cansancio se imponga. El problema es que siempre entrenes hasta acabar extenuada y sientas fatiga de forma crónica.

En primer lugar, para estar en forma no necesitas ir al gimnasio día sí, día también. Y si eres principiante, una de las máximas es que, como mucho, entrenes dos o tres días por semana en sesiones de 50 minutos. Además, si no consigues deshacerte de la fatiga acabarás abandonando. Antes que el deporte, la prioridad es garantizar el descanso.

2. Dolor muscular. Temblores incontrolables tras tus primeras sesiones de cardio o pesas y agujetas que te hacen moverte como un cyborg al día siguiente son los estragos de los inicios en el gym. Es habitual este episodio, lo raro es que semana tras semana sientas los músculos inflamados, cosquilleo o dolor. Seguir entrenando en ese estado te expondrá a lesiones y te impedirá alcanzar tus objetivos.

3. Horas de sueño escasas. Priorizas hacer deporte al irrenunciable hábito de dormir (bien). Te entrenas entrada la tarde o incluso a la hora de la cena, te despiertas en mitad de la noche o te cuesta conciliar el sueño porque, tras el ejercicio, tu nivel de activación es muy alto. ¿Verdad que no pasarías un día sin comer? Pues intenta darle al descanso la misma importancia que a la alimentación: aparte de estar más fresca que una lechuga al día siguiente, prevendrás enfermedades de orden físico y mental graves como la diabetes o la depresión.

4. Concentración a la baja. El cansancio acumulado y la falta de horas de sueño te impiden mantener la atención en cualquier actividad. Esto te hará sentir irritable porque la consecución de tareas se alargará y seguramente su resultado final será peor. Además, en el terreno del ejercicio físico, concentración y rendimiento van juntos de la mano, es decir, cuanto más concentrada estés a la hora de practicar deporte, mayor será la motivación y los resultados.

5. Pulsaciones descontroladas. Los cambios en la frecuencia cardíaca, como una bajada brusca de las pulsaciones en los momentos de recuperación durante el ejercicio o la dificultad para que aumenten, también son una señal de que el cuerpo te está pidiendo aminorar el ritmo de traca que le estás dando.

6. Enfermedades. El nerviosismo, la falta de sueño y la mala alimentación pueden alterar tu sistema inmunitario y exponerte a una bajada de defensas. Con todo, te es imposible sobrevivir a gripes y resfriados y notas que enfermas con mucha frecuencia. Sin duda, este síntoma es uno de los más determinantes para advertir que necesitas echar el freno en tu afán de ponerte a tono, descansar y cuidar la alimentación para reforzar las defensas.