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Aquí recogemos cuáles son y cómo hacerles frente. Porque ¿y si lo que hace que engordemos no está en nuestro plato? Además de la alimentación, hay 7 posibles elementos responsables de tu aumento de peso. Te decimos cómo tratarlos y te contamos por qué el hecho de que no tengas una buena forma física no está siempre relacionado con lo que comes.  

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1. El hipotiroidismo
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1. El hipotiroidismo

El hipotiroidismo es una enfermedad muy frecuente, sobre todo en el sexo femenino. Se debe a la existencia de un daño glandular debido a una inflamación de origen autoinmune (tiroiditis). Teniendo en cuenta que las hormonas tiroideas regulan el metabolismo, su carencia, como sucede en el hipotiroidismo, reduce el gasto energético, lo que consecuentemente conduce a un aumento de peso y también del colesterol plasmático.

Para su diagnóstico es suficiente hacer un análisis de sangre de las hormonas FT3 y FT4, que son las hormonas tiroideas, y de la hormona TSH, que estimula la producción de hormonas tiroideas. Si los análisis confirman el hipotiroidismo, será necesario que acudas a un endocrino, que te recomendará el mejor tratamiento a seguir y te ayudará a tener tu peso bajo control. 

2. Una microbiota desequilibrada
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2. Una microbiota desequilibrada

Los expertos que investigan la microbiota intestinal, esto es, la flora que puebla el intestino, han revolucionado el conocimiento del campo gastroenterológico y metabólico: las evidencias científicas han revelado que la microbiota de las personas obesas es distinta a la de aquellas otras que no lo son.

Algunas bacterias realizan la digestión de componentes alimentarios como la fibra que de otro modo no están disponibles para su absorción, lo que determina un mayor aporte calórico. Además, parece que algunas bacterias favorecen el paso de la barrera intestinal de determinadas endotoxinas (lipopolisacáridos) que alimentan la inflamación crónica. Una microbiota alterada es consecuencia, por tanto, de una alimentación errónea, ya que no solo cuenta la aportación calórica de una dieta para determinar el aumento o la disminución del peso corporal.

En condiciones normales, una alimentación sana será suficiente para garantizar los probióticos necesarios que contribuyen a preservar el equilibrio de la flora intestinal. Los alimentos que naturalmente son más ricos son el yogurt, el kéfir, la leche y el resto de los lácteos, que ayudan a estos microorganismos. Si existe alguna patología, será necesario tomar suplementos. 

3. Amenorrea
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3. Amenorrea

La ausencia de ciclo menstrual por un periodo superior a seis meses es muy frecuente: entre las causas, desórdenes alimentarios o estrés. En este caso se habla de amenorrea secundaria y conlleva un aumento de los niveles de insulina. Ello crea un desequilibrio hormonal que reduce la producción de LH, la hormona que estimula la ovulación y favorece la transformación de glucosa, glucosa que, al no poder ser utilizada para el proceso metabólico y la transformación energética, se almacena en forma de lípidos.

Comer sano, variado y equilibrado, con una dieta que incluya  frutas, verduras y vitaminas del grupo B, puede ayudarte a regular tu menstruación; la vitamina B, que de hecho es la vitamina de la mujer, es muy importante para la fertilidad, así como para la formación de las hormonas sexuales femeninas. La carencia de vitamina B está asociada a la ausencia de ovulación pero también es síntoma de otras disfunciones. Por ello es recomendable realizar unexamen ginecológico que excluya problemas más serios. 

4. Cortisona
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4. Cortisona

La cortisona es una hormona endógena producida por la glándula suprarrenal pero también es un fármaco utilizado para el tratamiento de muchas enfermedades. La cortisona realiza también una acción metabólica, ya que favorece la disminución de la glicemia, lo que produce una respuesta insulínica y el consiguiente posible aumento de peso.

A priori no es una causa frecuente de aumento de peso, pero puede ocasionar la retención de líquidos y favorecer el sobrepeso. Por ello, si estás a dieta y tomas cortisona tendrás que tener paciencia y mucha constancia, porque los resultados llegarán, sobre todo si adoptas un estilo de vida sano y practicas ejercicio físico. 

5. Dormir poco
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5. Dormir poco

Las últimas investigaciones han constatado que dormir al menos 7 u 8 horas durante la noche es indispensable para evitar la obesidad. Josiane Broussard y sus colegas del Centro Médico Cedars-Sinai de Los Ángeles han demostrado que una noche de privación total de sueño equivale a seis meses de dieta rica en grasas, lo que aumenta el riesgo de sensibilidad a la insulina y, por tanto, de padecer diabetes.

Si el cuerpo es menos sensible a la insulina, tendrá la necesidad de producir más para mantener los niveles de glicemia estables, lo que puede desembocar en diabetes del tipo 2, una enfermedad en la cual la respuesta a la insulina del cuerpo no funciona correctamente, por lo que hay demasiada azúcar en sangre. Dormir bien es fundamental para mantener estables los niveles de azúcar en sangre y reducir los riesgos de padecer patologías como la diabetes o la obesidad.

Asimismo otros estudios han puesto de manifiesto que dormir poco crea undesequilibrio en los niveles hormonales: descienden los niveles de leptina, la hormona responsable de comunicar al cerebro que la cantidad de alimento consumido es suficiente, mientras que aumentan los de grelina, la hormona que estimula el apetito. El resultado es que consumimos más dulces y más alimentos ricos en grasas o muy salados, por lo que la balanza se desequilibra.

Para conciliar el sueño debemos aumentar el consumo de fibra, así como de frutas y verduras, elegir cenas ligeras y tomar tisanas. Regular los horarios, evitar dormir la siesta durante el día, no tomar comidas muy pesadas y realizar de manera regular ejercicio físico son algunas de las claves para conseguirlo. El arroz, la avena, el plátano, la lechuga y las almendras pueden ayudarte a relajarte y, de este modo, conciliar el sueño. 

6. Resistencia a la insulina
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6. Resistencia a la insulina

La insulinorresistencia representa una condición muy frecuente, casi característica, de las personas con obesidad. El exceso de tejido adiposo está ligado, en muchas ocasiones, a la inflamación crónica. Esta condicióndetermina la síntesis de adipoquinas, algunas de las cuales contrarrestan la acción de la insulina, reduciendo su función. En respuesta, el páncreas tiende a producir de más (creando un estado de hiperinsulinismo), y ello favorece que posteriormente se deposite en el tejido adiposo. De este modo se instaura un círculo vicioso.

Además de los adipocitos alterados, también se produce una desequilibrada producción de leptina, que es la hormona de la saciedad y que se reduce en aquellas personas con obesidad visceral. La alimentación puede estimular la acción de algunas enzimas importantes en la regulación de la glicemia, que también resulta alterada en aquellos casos de resistencia a la insulina. En estas ocasiones se recomienda seguir una dieta que pueda mejorar el estado de salud; es importante prestar atención al índice glucémico de los alimentos,apostando sobre todo por aquellos alimentos que contengan fibra soluble, que puede ayudar en casos de diabetes. Por ello es bueno consumir gran cantidad de alcachofas, achicorias, ajos, cebollas, manzanas y naranjas.

Por el contrario, hay que evitar los alimentos ricos en azúcares simples, como la miel, la mermelada, el chocolate, el helado, las galletas, los dulces en general y el azúcar. La actividad física aeróbica puede estimular el uso de la glucosa circulante en el músculo a través de sus receptores específicos. 

7. Disruptores endocrinos: esmalte de uñas, champú y laca
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7. Disruptores endocrinos: esmalte de uñas, champú y laca

Estamos hablando de ftalatos, parabenos y pesticidas, así como de ácido perfluorooctanoico y trifenilfosfito, compuestos tóxicos que tienen la capacidad de aumentar la formación de tejido adiposo gracias a la posibilidad de imitar, inhibir o, al contrario, agravar los mecanismos hormonales. Estas sustancias, presentes en pinturas, pegamentos, aerosoles, cosméticos, esmaltes para las uñas, lacas para el cabello y champús, tienen el poder de adherirse a las hormonas del sistema endocrino.

La preocupación radica en la rápida absorción del producto por parte del cuerpo: solo un poco de esmalte de uñas conlleva la asunción de trifenilfosfito, ya que el cuerpo metaboliza el TPHP, que influye en el metabolismo y las hormonas. Para mantenerse en forma, además de estar sanos, es importante alejarse de todo aquello que puede resultar perjudicial, no solo lo que comemos sino también aquellos productos aparentemente inocuos que, sin embargo, podrían comportar riesgos para la salud.