Algunos de nosotros creemos que tenemos en el interior un monstruo insaciable que devoraría todo lo que se pone por delante en cualquier momento. Cuando, además, sumamos a la situación problemas de control de peso, el exceso de apetito puede llegar a convertirse en una verdadera causa de angustia para cualquiera. Controlar las ganas irresistibles de comer es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la gente que hace una dieta. Pero no sólo se limita a estas situaciones. Mantener a raya el hambre es un reto que va más allá de las dietas. Si la cuenta atrás hasta la próxima comida se acaba convirtiendo en un suplicio, te proponemos una serie de trucos para que aprendas a controlar el apetito.

 

Horarios

Para evitar el picoteo descontrolado, establece unos horarios e intenta mantenerlos. Programa una comida cada 3 o 4 horas y no olvides hacer una merienda ligera pero nutritiva. Una buena opción es el plato saciante, del que te hablamos un poquito más adelante.

 

Ritmo

El cerebro tarda 20 minutos en recibir la señal de saciedad. Por eso es importante que, a la hora de comer, lo hagas sin prisas. Dedicando tiempo de sobras para masticar y saborear. Come con la mente, presta la máxima atención a cada bocado que des. Pon los cinco sentidos fijándote en los olores que desprende cada plato ya que el olfato también manda mucha información al cerebro.

 

Ambiente

Esta consciencia a la hora de comer es importante, también, cuando hablamos del ambiente en el que alimentarnos. En la medida de lo posible hay que evitar comer realizando otras actividades como trabajar o mirar la televisión. Si estamos distraídos comemos más y más rápido. Por lo tanto, el cuerpo no registra correctamente la sensación de sacie.

 

Fibra

Incluye en tu dieta frutas, verduras y vegetales con gran cantidad de fibra. Se digiere de forma más lenta dándonos una sensación de saciedad durante más tiempo. Del mismo modo, con la hidratación obtenemos el mismo efecto. Así, además de no olvidar los líquidos durante el día, ante unas ganas irresistibles de comer, un vaso de agua puede ayudar. Así matamos dos pájaros de un tiro.

 

Azúcar en sangre

Hay una serie de alimentos, especialmente procesados, que incrementan el hambre aportando unos niveles altos de azúcar en sangre. Los dulces, la pasta o los pasteles deberían dejar paso a alimentos más saciantes y sin apenas aporte de calorías. Ahora que llega el verano, por ejemplo, infusiones servidas con hielo picado. Si queremos caer en la tentación de un alimento peligroso, marcar un límite. Por ejemplo, saborear al máximo un cuadradito de chocolate a la semana.

 

Actividad

El ejercicio es otro de nuestros mejores aliados para luchar contra el monstruo del hambre. Además de los beneficios de hacer deporte para nuestra salud, ante una imperiosa necesidad de comer, salir a andar o correr, hacer una actividad física que nos distraiga ayuda.

 

Emociones

En algunas personas, la comida está muy relacionada con sus estados de ánimo. Por eso, no hay que dejar que se apodere de nosotros. Tenemos que intentar controlar nuestras emociones, evitar comer por ansiedad o aburrimiento. Para ayudar a relajar nuestra mente es imprescindible dormir las horas necesarias. Si nos levantamos cansados, nuestras hormonas del apetito se desequilibran y poder caer en la tentación más fácilmente.

 

 

El plato 'antihambre'

Nuestro primer mandamiento es “no piques entre horas” pero nuestro estómago, a veces, puede más que nuestra mente y el hambre ataca, como un ladrón sigiloso, en mitad de la noche. Te recomendamos preparar un plato antihambre para ese momento en mitad de la noche en que no hay más remedio que sucumbir a la tentación. Pero si caemos, al menos, que sea con alimentos que nos van a saciar, que no afectarán a nuestro sueño y buenos para nuestra alimentación o dieta.

Un par de lonchas de fiambre magro como pavo, una fruta como un kiwi y un puñado –muy pequeño- de frutos secos como nueces. Poca cantidad, que tiene que ser un tentempié de emergencia, no un banquete salido de Juego de Tronos.

Así pues, si sientes un repentino ataque de hambre por la noche recurre a tu plato, lávate los dientes y a dormir como un señor.