1. Sé puntual o incluso si puedes llega cinco minutos antes. La mejor forma de empezar la jornada es hacerlo con calma y sin estrés, si llegas tarde es probable que no pierdas la sensación de ir con retraso en todo el día.

2. Revisa tu agenda y planifica la jornada. Antes de empezar a hacer nada es básico revisar qué es lo que habíamos planeado para hoy para que los posibles imprevistos del día no nos hagan olvidar nuestros objetivos.

3. Haz balance de en qué punto estás de tus proyectos y prioriza en función de ello. Piensa de forma global para no centrarte sólo en lo que tenías planeado hoy, sino en los objetivos de la semana o del mes, para saber en qué punto estás en los diferentes proyectos y priorizar.

4. Saluda a tu equipo. Para que el trabajo no se te haga pesado es importante contar con un ambiente agradable de trabajo, algo a lo que puedes colaborar activamente no olvidando saludar a todo tu equipo. Si eres el jefe, los motivarás, si no, te sentirás más unido a ellos y acompañado en la tarea que tienes por delante.

5. Ordena tu espacio. Asegúrate de que tienes a mano todo lo que vas a necesitar durante la jornada. Es mejor dedicar unos minutos a ello al empezar el día que perder mucho más tiempo luego intentando encontrar las cosas.

6. Revisa tu mail de forma selectiva. De entre los mensajes que has recibido en las últimas horas o que no tuviste tiempo de responder ayer, empieza por abrir aquellos que por su asunto o por su destinatario te parecen más importantes. Si te propones abrir todos los mails probablemente pierdas un tiempo que necesitas para llevar a cabo tareas más relevantes.

7. Prevé para la mañana las actividades que requieren mayor concentración. El cansancio se acumula durante el día y probablemente por la tarde estés con menos energía y capacidad de atención para acometer las tareas más complicadas.


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