Pues sí, ha llegado el momento del año en el que te asalta la misma pregunta de siempre: ¿qué ha pasado con mis propósitos de Año Nuevo? ¿Te suena? Cuando termina el año, nosotros comenzamos a proclamar a los cuatro vientos los que serán nuestros objetivos del año siguiente, pero desde la primera semana de enero comenzamos a comprobar que algo no va bien. Posponemos el inicio de nuestra nueva vida, generalmente para después de Reyes,  y cuando nos queremos dar cuenta estamos a 15 o 20 de enero y ya no nos queda más remedio que soltar el típico «en febrero empiezo».

Y ¿qué te voy a contar? Pasa el año y muchos de nuestros propósitos no han ido mucho más lejos de la lista en la que fueron escritos. Algunos se han diluido con el paso del tiempo y otros no han terminado de cuajar. Y no, no has hecho nada mal, has hecho todo lo que has podido lo mejor que has podido con la información y las herramientas de las que dispones, así que ¡fuera la culpa!

Mi intención contándote estos siete motivos por los que quizás no estás alcanzando tus objetivos no es regañar, señalar o criticar, y ¡mucho menos que te sientas culpable por no haberlo tenido en cuenta! El objetivo es que conozcas qué puede estar fallando, para que te hagas responsable de tu camino, realices los ajustes necesarios y reconfigures tu GPS.

Quizás ahora mismo, con el verano a la vuelta de la esquina, no es momento de estar pensando en objetivos, metas, aciertos o errores, pero estoy segura de que en un par de meses ¡me lo agradecerás! Septiembre es siempre un buen momento para retomar los propósitos olvidados y ponerse de nuevo manos a la obra con las energías del nuevo curso.

Así que, sin más dilación, ¡te presento algunos de los motivos por los que quizás no logras alcanzar tus metas!

 

Motivo número 1: ni es el momento adecuado, ni tus circunstancias son las más óptimas.

Está muy de moda utilizar frases motivacionales como «quien quiere puede», «cero excusas», etc. Yo misma las utilizo para motivar a un grupo específico de mi comunidad en Instagram, pero seamos sinceros: no son útiles para todo el mundo porque no todo el mundo se encuentra en su situación óptima.

A veces nuestra vida se está tambaleando porque tenemos frentes abiertos en todas las áreas. A veces todavía nos encontramos adaptándonos a un fuerte cambio y no tenemos cabeza ni energía para otros temas. E incluso, otras veces, simplemente no es nuestro momento aunque no haya una razón especial para ello.

No le des muchas vueltas. Si estás lo suficientemente atenta a ti misma sabrás si tu situación apoya tu trabajo personal o si estás nadando contra la corriente.

 

Motivo número 2: el objetivo no es tuyo.

A veces creemos que queremos cosas que en realidad no queremos. Parece extraño, pero es muy común. Muchas veces buscamos complacer a otros, cumplir las expectativas de alguien, seguir una moda o simplemente queremos hacerlo porque alguien de nuestro entorno lo hace y nos ha picado el gusanillo. Pues bien, si el objetivo no es realmente tuyo, el trabajo que debes hacer hasta llegar a él se te va a hacer muy, pero que muy, cuesta arriba.

¡Pero no solo eso! Hay objetivos que son muy nuestros, pero de una parte de nosotros a la que convendría quitarle algo de poder. Piensa en ese objetivo de ser mejor que alguien, destacar en algo, ser reconocida, ser respetada, callar bocas, etc. ¿Es posible que sea nuestro Ego decidiendo por nosotros nuestros nuevos propósitos?

 

Motivo número 3: no has invertido el tiempo suficiente en configurar tu objetivo.

Este es otro de los errores que no se creen cuando se leen: si no configuras bien la frase que define tu objetivo, tienes todas las papeletas para perder el tren que te lleva a él. Imagina frases como «ponerse en forma», «aprender inglés» o «llamar más a mi madre», ¿qué es ponerse en forma? ¿Cómo sabrás cuando estás en forma? ¿Qué pinta tiene la forma? ¿Qué es saber inglés? ¿Hablarlo con fluidez, entenderlo, poder escribir emails? ¿Cuánto es más? ¿Dos veces a la semana? ¿Tres, cinco, todos los días?

Si no tienes un objetivo claro, bien configurado y que se pueda medir, no solo será difícil lograrlo, ¡es que hasta puede que llegues a él y ni siquiera te des cuenta!

Y, por otro lado, ¿sabías que muchas veces fallamos en nuestro camino hacia la meta porque esta es demasiado ambiciosa? ¡Como lo oyes! Tener la casa impecable todos los días quizás sea demasiado ambicioso y a lo mejor también lo es conseguir un nuevo trabajo en un mes, hablar otro idioma con fluidez en un año, ir al gimnasio todos los días o compaginar el máster, la vida social, el trabajo y demás responsabilidades.

Lo que para unos es coser y cantar, para otros puede resultar misión imposible. Ahórrate frustraciones innecesarias apuntando a una meta alcanzable.

 

Motivo número 4: no has pasado a la acción.

Este es mi error favorito, ¡me encanta! Resulta que muchas veces nos fijamos objetivos y lo que ocurre es que, simple y llanamente, no vamos a por ellos. Se nos echa el verano encima, septiembre, diciembre y el nuevo año, ¡y no hemos movido un solo dedo!

¡No me digas que no te ha pasado nunca!

La parte positiva de esta razón aparentemente tan absurda es que te llevará a alguno de los otros seis motivos que aquí te presento. Puede que no hayas pasado a la acción porque no estás en tu mejor momento, porque no sepas cómo empezar, porque el objetivo es vago o por culpa de otros.

Si no te has puesto manos a la obra, analiza por qué y te acercarás a tu solución.

 

Motivo número 5: solo piensas en la meta y te has olvidado del camino que conduce hacia ella.

Hay una cosa que dificulta muchísimo nuestro trabajo y es idealizar la meta, alejarla de nuestra realidad y separarla del camino que conduce a ella. Piensa que cuando te propones conseguir algo, lo que debes proponerte realmente es recorrer el camino que te conduce hasta ello. Por ejemplo, si yo quiero bajar mis índices de colesterol, el objetivo que debo marcarme no es bajar el índice de colesterol, sino hacer cambios diarios y sostenibles que me conduzcan a ello. Si no relacionas directamente el hábito con la meta corres el riesgo de querer llegar a la meta sin recorrer su camino y, como imaginarás, esto no es posible.

 

Motivo número 6: la gestión que haces de tu tiempo no es óptima.

Vale, somos supermujeres y la mayoría de nosotras hacemos magia con nuestro tiempo. Pero muchas veces no hacemos una buena gestión de él y no lo sabemos. Te pongo mi ejemplo personal, creo que podría ser más productiva en mis horas de trabajo, podría ahorrar tiempo si cocinase solo una vez a la semana y ganaría mucho tiempo si dejara de perderlo en las redes sociales. Si te sientes identificada en alguna de estos tres puntos, ¡eres bienvenida al club!

 

Motivo número 7: evitas asumir la responsabilidad sobre ti misma culpando a otros de la situación.

Por último, pero no por ello menos importante, el motivo más difícil de reconocer y uno de los que más daño hace: nos empeñamos en buscar culpables en lugar de tomar las riendas de la situación y ponernos manos a la obra. «Es que la vida», «es que los altibajos», «es que los hijos», «es que la fiesta», no importa cuál sea la razón que te vayas a dar, si lo haces con la intención de escurrir la responsabilidad, entras en este grupo.

Ya sabes que creo firmemente que no siempre es buen momento, no siempre se puede y lo que es más importante, no siempre se quiere hacer el esfuerzo para lograr algo; pero si realmente es por ello, no culpes a nadie, asume la responsabilidad de decidir que no es buen momento y suelta ese objetivo.

Y si, por el contrario, te sientes identificada con la idea de que estás utilizando la culpa para evitar la responsabilidad, ¡mucho ánimo! No es tarea fácil, pero te prometo que es muy liberadora.