Purifica tu casa y notarás cómo te sientes mejor en ella. Si tú haces un plan détox para llegar renovada y en plena forma al buen tiempo, tu casa también lo necesita para depurar energías.

Al apuntarte a los batidos o a la dieta détox quieres limpiar tu cuerpo, eliminar la sobredosis de azúcares, grasas y calorías, toxinas en general. En el caso de tu hogar se trata de que desaparezcan objetos sin uso, que se acumulan por rutina, trastos al fin y al cabo, que influyen en la energía y bienestar de la casa y, por tanto, también en el tuyo. La limpieza es otro pilar fundamental. Todo hace que te sientas mejor en casa. Concédele unos mimos y notarás todo lo bueno que te devuelve.

 

7 días para renovar tu casa

Sigue este plan détox para poner al día tu casa en siete días. Con él renovarás vibraciones y energías y sentirás el confort y la tranquilidad de un hogar. Este plan détox se basa en que tu casa no es un almacén, sino un lugar para vivir y disfrutar. Toca cuidarlo como se merece.

 

DÍA 1. Eliminar los excesos

Puedes empezar un lunes o un sábado. Cuando te venga bien y te sientas con fuerzas. Mira a tu alrededor, puede que con el tiempo hayas ido recargando tu casa. Eso significa que la librería está plagada de libros y adornos, que sobre el aparador has acumulado demasiadas figuras o marcos con fotografías.

No hace falta tender al minimalismo, pero sí apostar por la sencillez. Superficies despejadas, que facilitan la limpieza y ayudan al confort visual. Sin demasiados datos o detalles. Solo lo justo.

Hay dos formas de hacerlo. Ambas pasan por hacerte con una caja de cartón. Por un lado puedes meter en esa caja todo lo que veas que sobra, que ya no te guste tanto, que no te aporte, que no pegue… o bien llenar la caja con todo lo que tienes sobre el mueble y luego sacar únicamente lo que de verdad te gusta, importa o aporta.

Es un ejercicio de contención. No se trata de volver a poner todo porque te da pena renunciar a algo. Se trata de cambiar. De mejorar. Pregúntate: si no te aporta, ¿para qué está en tu casa? No pierdas el objetivo: eliminar los excesos. Como hace tu cuerpo con las toxinas acumuladas en un plan détox, tú lo haces en tu casa.

 

DÍA 2. Limpieza en profundidad

¡Qué agradable es la sensación de saber que todo esta requetelimpio! Sí, reconfortante sensación de cero polvo. Aunque pasemos el paño con asiduidad es fundamental someter a la casa a una limpieza más profunda cada cierto tiempo (por ejemplo, con el cambio de temporada).

Eso implica retirar cortinas y lavarlas, meter en la lavadora las fundas de los cojines, pasar el aspirador al sofá, airear el edredón… ese tipo de tareas que no son el mejor plan del mundo pero que una vez metidos en faena se cogen con gusto al pensar en el resultado.

Limpiar los altos, esa zona sobre el armario un tanto olvidada. O los bajos, como los del sofá o la cama. Allí hay un mundo de ácaros que no debería vivir contigo. Cuando todo está limpio, se nota en el aire. Se respira mejor.

 

DÍA 3. Vacía cajones y armarios

Con este plan no vale solo con realizar el cambio de armarios de temporada. Hay que vaciarlos por completo. Armarios, con sus cajones y baldas, y cómodas y chifonieres. También los cajones de la mesilla.

Sacar todo, vaciar por completo. Misión détox: revisar. Al cajón vuelve solo lo que usas y te pones. Es el momento de preparar una bolsa con todas esas prendas que llevan años esperando una oportunidad y nunca llega. Si no te la pusiste la temporada pasada y esta va por el mismo camino, no te aporta nada. Dásela a alguien que la vaya a aprovechar.

Las filosofías orientales, de la que en cuestión de orden es Mari Kondo la máxima representante, aseguran que las cosas tienen alma y ese alma está retenida si no usamos una prenda. Es decir, que las energías positivas que deben campar por nuestra casa se pueden ver afectadas por objetos viejos que retenemos.

Y si no crees en esta línea porque tú eres empírica 100%: tirar deja más espacio. No es lo mismo tener que presionar las camisetas para cerrar el cajón a que deslice suavemente. Esos pequeños gestos, te aportan mucha comodidad en el día a día. Comodidad igual a bienestar.

 

DÍA 4. Le toca el turno a la cocina

Merece un capítulo aparte. Una terapia propia, porque en la cocina también almacenamos sin darnos cuenta. Así que en este capítulo, toca vaciar los armarios de la cocina. Empieza por la despensa. ¡Es lo más preocupante! Donde acumules comida. Paquetes empezados y olvidados en el fondo, botellas a medio consumir, conservas… Quédate al día, con lo que uses, con lo que vayas a gastar. Da igual si tienes algo en buen estado, si no te gustó, tíralo. Por eso sigue ahí, sé sincera contigo misma. Si te hubiera encantado, ya habrías acabado con ello.

A veces acumulamos demasiados alimentos. Puede que por miedo a echar mano de algo y no tener o porque no tienes demasiado tiempo para hacer compra. Pero tirar comida por no haberla consumido no tiene perdón. Organiza la despensa, si es necesario, hazte con cajas que te permitan organizar por tipos de alimentos y acceder fácilmente al fondo del mueble.

Y después de la despensa, revisa otros muebles. Quédate con los recipientes que necesites, los moldes que uses (si no haces bizcochos, ¿para qué los tienes?), los gadgets que te sean útiles. ¡Despeja el espacio! Aunque no se vea porque está detrás de una puerta, es aplicar la regla del casi minimalismo también al interior de los armarios. Te sentirás bien al deshacerte de trastos.

 

DÍA 5. Deshazte de los recuerdos

Llegados a este punto ya has cogido carrerilla. Sin los pasos previos no puedes afrontar este desafío. Es un paso complicado porque intervienen (más) los sentimientos. Has tirado ya lo que has visto que no usas o guardado en una caja en el trastero esos jarrones y marcos que llenaban demasiado en el salón.

Ahora se trata de hacer limpieza (física y emocional) entre los recuerdos. No todo se puede guardar eternamente. Tampoco te decimos que te deshagas de tus vivencias, solo que las organices. Puede que tengas que guardar en una caja lo que quieres conservar de verdad. Son recuerdos que no ves a diario y que en casa te están ocupando un valioso sitio. A la caja. Guarda allí lo que realmente quieras conservar, pero de nuevo sé sincera contigo misma. No guardes todo. Hay recortes de periódico que podrías tirar. O las entradas de aquella película. Clasifica. Eso debes hacerlo tú en función de lo que significan para ti. Y esa caja, también debes revisarla cada cierto tiempo.

Piensa que para hacer hueco a lo nuevo, hay que desprenderse de lo antiguo.

 

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DÍA 6. Renovarse o morir
Pasa revista. Hay cosas que del uso se deterioran también en casa. Toallas, sábanas, paños de cocina o manteles. De usarlos, envejecen. Así que ahora toca renovarlos. Ir de compras para actualizar. Puedes comprar un juego de toallas o de sábanas y tirar (esto es muy importante) el más gastado.

Adquirir esta costumbre hará que siempre tengas los textiles a punto.

 

DÍA 7. Hogar dulce hogar

Seguro que ya sientes el bienestar que te devuelve tu casa. Tú sabes que, además de lo que salta a la vista, por dentro todo está en orden. Ahora puedes darte un capricho. Un capricho para ti y para tu hogar. Compra esa lámpara que te gusta desde hace tiempo, actualiza los cojines, renueva los cuadros o, incluso, ese capricho puede ser cambiar el color de una pared. Tú decides qué te pide el cuerpo en este punto. Un consejo: que no te falte un toque natural. Hazte con una planta.