Hace dos años que escribí «¿Puede la meditación cambiarme la vida?», un artículo donde hice un breve repaso a qué entendemos por meditación, cómo fueron mis comienzos y qué cambios había notado hasta el momento. Hoy me propongo detallarte los beneficios que he experimentado a raíz de la práctica constante de mindfulness y cómo he logrado integrar el hábito en mi día a día.

¿Cómo he adoptado el hábito de llevar una vida mindful?

Tras empezar con meditaciones escritas, con un profundo trabajo de autoconocimiento de la mano de una psicóloga y de haber incluido en mis rutinas semanales la práctica de yoga y meditación, la adopción del hábito de vivir con atención plena ha respondido más a la necesidad/conveniencia del momento, que al objetivo que yo me pudiera haber fijado.

Cuando te das cuentas de que, realmente, hay una forma distinta de vivir de la vida y que el bienestar experimentado no se parece a nada de lo conocido anteriormente, ¿qué otra cosa te puede nacer hacer? ¡Pues vivir con atención plena el momento presente y ser feliz pese a los vaivenes de la vida!

La forma en que practico mindfulness hoy en día va desde escribir un diario, hacer breves meditaciones formales, traer mi atención al momento presente cuando vivo la más pura felicidad e, incluso, experimentar con consciencia los enfados, las discusiones y los dolores, por ejemplo.

Esto no ha ocurrido de un día para otro, claro está, pero te aseguro que cuando empiezas a meditar y desarrollas la capacidad de observar lo que ocurre de una forma atenta, separada y sin juzgar, no te nace comportarte de otra forma. ¡Confía en mí!

En mi primer libro, Slow Life, Guía práctica para un auténtico cambio de vida, hablo de todos los pequeños cambios que una persona puede hacer para experimentar esa transformación de la que tanto se habla y una de las recomendaciones más repetidas es «pregúntate qué propuesta conecta contigo». ¡Pues bien! Ahí es donde entra la capacidad de observación: a medida que te preguntas qué conecta contigo, desarrollas y a la vez haces uso de tu capacidad de atención plena.

Si te preguntas cómo empezar a meditar, tienes mucha información en internet, como en esta web o mi propio blog, Spiritual Woman.

¿Y qué cambios he notado en todo este tiempo?

Como te comentaba, el principal cambio que uno experimenta cuando empieza a vivir con atención plena es una especie de bienestar profundo e inexplicable que suele sobrevivir a todo tipo de altibajos.

Por supuesto que nos seguimos enfadando, estresando y viviendo una vida humana, como humanos que somos, pero créeme cuando te digo que la experiencia de vivir cambia radicalmente, tomas mejores decisiones, conectas con tus objetivos y propósitos, sueltas con más facilidad aquello que ya no te sirve y te aferras al bienestar sin condiciones.

Ahora, en mi experiencia hay siete beneficios específicos que merece la pena comentar para así animarte a probarlo, sino te has lanzado ya. ¡Vamos con ellos!

  1. Gestión del estrés y la ansiedad. El estrés y la ansiedad no desaparecen porque la vida sigue poniendo pruebas y nosotros seguimos generando pensamientos que nos estresan, sin embargo, la práctica de mindfulness ayuda a mejorar nuestra relación con esas sensaciones y con las fuentes de las mismas. Identificamos mejor cuándo estamos estresados o cuándo estamos experimentando ansiedad, y desarrollamos la capacidad de responder a ello desde la calma, procurando no añadir estrés al estrés.
  2. Mejora de las relaciones con los demás. La práctica de atención plena cuando nos relacionamos con gente mejora la experiencia y nos ayuda a mantener una escucha activa, a no alimentar nuestro parloteo interno y a comprender mejor qué puede estar ocurriendo dentro de la otra persona. Esto resulta fundamental para nutrir nuestra compasión, comprensión y empatía hacia los demás, lo cual termina por mejorar nuestras relaciones.
  3. Identificación de las emociones y capacidad de decisión sobre ello. El mindfulness nos enseña a observar y nos capacita para notar lo que ocurre a todos los niveles. Notamos nuestros pensamientos, las emociones que se desencadenan, qué sensaciones tenemos y de dónde han salido, etc. La tristeza seguirá siendo tristeza, y la vergüenza y la inseguridad también, pero al experimentarlas de forma separada, como ajena, comprendemos que hay circunstancias que nos hacen sentir así y que, lejos de luchar contra ello, podemos abrazarlo como cualquier otra experiencia de vida.
  4. Bienestar laboral: menos estrés y más organización, alineación y decisiones más rápidas. Desde que practico mindfulness en determinados momentos de mis días, he notado que mi relación con el trabajo se hace más llevadera. Normalmente las responsabilidades nos pesan como obligaciones y tratamos de sacar adelante el trabajo a base de fuerza de voluntad y de repetirnos que «tenemos que hacerlo». La atención plena me ha ayudado mucho a notar cuando algo me está lastrando y cuál es mi tendencia para afrontar esa situación. Cuando observo que me «estoy obligando» a hacer algo en lugar de conectar con mis deseos más profundos, simplemente hago una pausa y reconfiguro mi perspectiva. Y esto me ha demostrado mayor bienestar, mejor gestión del tiempo y el estrés que me producen determinadas tareas o plazos.
  5. Mejora en el descanso y conciliación del sueño. No te voy a mentir, adoro dormir y normalmente me resulta muy fácil conciliar el sueño, sin embargo, tengo mis días, como todos. Con la práctica he desarrollado mis propias técnicas de relajación, mi forma de permitir que las preocupaciones pasen de largo y no quedarme pegada a ellas.
  6. Consciencia sobre mi felicidad. Sin duda, este es otro de los beneficios que he podido experimentar y que me parece importante resaltar aquí. ¿Te ha pasado alguna vez que estás teniendo un día tan feliz que se pasa volando, y cuando te quieres dar cuenta ya ha terminado? Pasa a menudo con las vacaciones, con una fiesta, el día de la graduación, cuando vas a una boda, etc. Bien, pues la práctica de mindfulness me ha enseñado que en esos momentos yo puedo traer mi atención al momento presente y vivirlo con intensidad. Al traer mi consciencia al momento feliz, logro vivirlo y no solo pasar de largo por él. ¡Pruébalo! Por cierto, te invito a leer «Vacaciones y atención plena» donde se habla también de este tema.​
  7. Cambios muy notables en la experiencia de enfado, indignación, discusiones, etc. Efectivamente, la experiencia de enfadarse, indignarse y tener discusiones cambia por completo. En primer lugar, he notado que me enfado mucho menos, me indigno más bien poco y casi nunca discuto sobre nada, ¡a veces me pregunto si esto es mindfulness o apatía!

Al margen de bromas, enfadarse teniendo la habilidad de practicar la atención plena en todo momento resulta muy interesante porque la tormenta que generalmente nos hace explotar nunca tiene lugar. En mi caso, noto qué me está enfadando, noto cómo me siento y trato de comprender por qué me estoy poniendo así. Durante esos segundos ¡mi mente se ocupa en observar el fuego sin añadir más leña! De manera que en muchas ocasiones termino por entender que algo me enfada, pero no experimento el enfado como tal, ¡no sé si logro explicarme!

En definitiva…

La práctica de atención plena en el momento presente no solo presenta beneficios teóricos, sino que hay estudios que están demostrando los cambios y muchas personas que los estamos experimentando. ¡Te animo a probarlo!

Y, no quería terminar esta redacción sin comentar algo, en caso de que lleves algún tiempo practicando mindfulness, yoga y meditación, o tratando de aprender por tu cuenta, ¡no desesperes! Si no has notado cambios como los que te he contado, no te preocupes, todos somos diferentes y vivimos experiencias diferentes.

Quizás tardarás un poco más en notar determinado beneficio y, sin embargo, ya estás viviendo otro que yo ni siquiera sé que existe. Estos siete beneficios que te he contado son totalmente mi experiencia personal y, como tal, ¡puede ser muy diferente a la tuya!

¡Gracias, como siempre, por tu tiempo en leerme! ¡Nos vemos en otro artículo!