1. Viven en constante tensión. La tensión emocional mantenida en el tiempo acaba por afectar al organismo, ya que se altera considerablemente el funcionamiento de las sustancias químicas. Por lo que suele ser bastante común que las personas con frecuentes sentimientos de culpabilidad padezcan de estrés y contracturas musculares debido a la rigidez a la que someten al cuerpo.

2. Se angustian con facilidad. Al sentir que no tienen control sobre sí mismas y su entorno, comienzan a sentir ansiedad. Empezarán a aparecer toda una serie de inseguridades que mermarán su autoestima.

3. Tienden a desvalorizarse y a despreciarse a sí mismas. Son muy autocríticas. Se acaban convirtiendo en sus peores enemigos.

4. Viven acompañadas de constantes sentimientos de autoexigencia, perfeccionismo y obsesión, lo que les genera constantes frustraciones y desasosiegos.

5. Tienen miedo a equivocarse o a cometer errores. Están tan centradas en lo que quieren conseguir, que no se permiten errar. Cualquier contratiempo lo consideran un fracaso y tienden a autocastigarse a través de pensamientos negativos donde se repiten constantemente lo torpes o poco válidas que han sido.

6. Necesitan tener la aprobación de sí mismos y de los demás. Precisan de una constante retroalimentación que ensalce la valía para saber que van por el camino correcto según la propia percepción.

7. Temen al rechazo. Tienen miedo a que los demás los tachen de poco válidos o débiles por lo que siempre estarán intentando dar lo mejor de sí mismos para que eso no suceda.

8. Tienden en demasía a la autocrítica. Se cuestionan sus logros o comportamiento pero nunca ensalzando su valía personal. La insatisfacción es constante.


Si quieres saber cómo desactivar estos sentimientos tan tóxicos, no te pierdas el reportaje de Ciara Molina en el número de noviembre de la revista Objetivo Bienestar.