La botella, ¿medio llena o medio vacía? Las cosas no son siempre ni perfectas ni calamitosas. La cuestión es cómo las percibimos y cómo las afrontamos. Para la persona con mentalidad negativa la consigna es «todo lo malo me pasa a mí», «nunca lograré nada bueno» o «no tengo suerte».

La positiva, en cambio, hace una lectura muy diferente. Piensa «voy a poder con esto», «si otros lo logran, yo, también». ¿Y la suerte? Bueno, no vamos a dudar que un golpe de suerte ayuda (por ejemplo, ganar la lotería o que algún conocido se convierta en director de recursos humanos de la empresa donde harás una entrevista de trabajo). Pero recuerda que hasta Thomas Alva Edison reconoció que «el genio es 1% inspiración y 99% transpiración». ¿Sabes cómo plantearte la vida con optimismo?

 

1. Analizan la situación

Por grave que parezca el problema, siempre hay una salida. «Las personas optimistas tienen la capacidad de poder ver el lado bueno de las cosas por muy negativas que puedan parecer en un primer momento. Cuando se presenta un problema buscan posibles vías de solución o intentan minimizarlo de la mejor forma posible, suelen ser persistentes en sus objetivos y no se rinden ante las primeras dificultades», explican la psicóloga Ana Hervada.

 

2. No niegan las dificultades

No querer verlas es como empecinarse en subir un puerto de montaña en quinta marcha: te quedarás sin energía. El exceso de optimismo es un error. «El optimista inteligente no es aquel que niega los problemas, sino el que reconoce los obstáculos, analizar sus causas y busca cómo solventarlo». Ante la cuesta, baja a segunda; si tienes que presentar un proyecto a ese cliente tan ‘hueso’, pide consejo a terceros, estudia por dónde ha ido su compañía o pide un plazo más amplio. 

 

3. Se atreven

¿Quieres ser feliz? Propóntelo. «La clave no es cómo ser más felices, sino si estamos dispuestos a hacer lo necesario para lograrlo. Hablamos de una decisión, de una resolución que arranca de una motivación para conseguir nuestros sueños. Es esa fuerza que nos saca de la zona de confort», explica la psiquiatra Marián Rojas Estapé: «Quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido es quedarse en la vida pero no vivir». ¿Quieres un aumento? Pídelo. ¿Te gusta ese chico de clase de spinning? Habla con él. Recuerda: Nunca lo conseguirás si antes no das el paso. Grábate esta frase del experto en motivación: «Si no te gusta donde estás, muévete. No eres un árbol».

 

4. No se autoboicotean

¿Eres de las que se dice «uy, eso no es para mí?» o «me sale mal, seguro». La coach Chérie Carter-Scott tiene un nombre para eso: los negaholics, adictos a lo negativo, pesimistas vocacionales y amantes de responder no a todo. Van Gogh decía que si una voz dentro de ti te dice «no pintes», tú debes pintar con todas tus fuerzas para acallar esa voz. Fuera ya hay bastantes enemigos. Que tu Pepito Grillo no sea uno de ellos.

 

5. Miran a largo plazo

Tras la lluvia siempre sale el sol, no hay mal que cien años dure o no dejes que los árboles te impidan ver el bosque. La sabiduría popular no engaña: por muy negro que parezca todo ahora, las cosas mejorarán. Así que si tienes que embarrarte para llegar al refugio, hazlo. Y si te llenas de arañazos al recolectar moras, piensa en lo rica que quedará la confitura. Nadie dijo que el camino sea fácil. «Para llegar adonde quieres a veces tienes que ir por donde no quieres», sostiene la doctora Rojas Estapé.

 

6. Planifican

Muchas veces las cosas salen mal porque no se prepararon adecuadamente. Sal con tiempo de casa por si hay atasco, acude a primera hora a ese mercado de verduras donde las acelgas ricas se agotan a toda velocidad, prepara las posibles preguntas que te harán en esa entrevista de trabajo o entrena a conciencia para esa carrera.  

 

7. Adiós, ingenuidad

El mundo no conspira contra ti. Lo que pasa es que vas por la vida de alma cándida y te las dan todas en el mismo moflete. Pelea. Ruge. La vida a veces es como esos documentales del National Geographic: gana el más fuerte. O el más astuto. Como explica Laura Norton en su novela No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas si no te plantas, el mundo te come.

 

8. Valoran las cosas pequeñas

Ese collar de macarrones por el día de la madre, una tarde de cafés con amigas, un día en el campo, ese fin de semana con tu pareja pintando vuestra nueva casa… No todos los días nos regalan joyas, ni comemos en un restaurante de tres estrellas Michelin. Disfruta de tus pequeñas alegrías, de las risas, de los detalles. Son la gasolina del optimismo.   

 

9. Piensan en positivo

¿Por qué demonios te empeñas en creer que cuando llegues al cine no quedarán entradas? ¿O que tu jefa va a abroncarte esta semana sí o sí? La doctora Rojas Escapé advierte que «esta es la puerta de entrada a la ansiedad: vivir angustiado por el futuro. No olvidemos que el 90% de las cosas que nos inquietan jamás llegan a suceder, pero nuestro organismo y nuestra mente los viven y sufren como reales. El cuerpo no distingue realidad de ficción». Cambia el chip.