La clorofila es el pigmento que tinta los vegetales de color verdoso, como es el caso de las espinacas, el apio o los kiwis. Puede que este dato no sea ningún descubrimiento para ti si eres incondicional de los los zumos verdes, que la concentran en grandes cantidades. Sin embargo, no es una fruta o verdura donde encontraremos esta sustancia en mayor cantidad, sino en un alga: la chlorella.

La chlorella, un alga de agua dulce, es la mayor fuente de clorofila que podemos encontrar en la Tierra. De dimensiones diminutas, es muy rica en proteína vegetal, así como en un fitonutriente denominado factor de crecimiento (CGF) exclusivo de esta planta que ayuda a reforzar el sistema inmunitario y a la regeneración celular. Seguro que también has oído hablar de la espirulina, otra alga, en este caso marina, llena de propiedades.

También destaca la chlorella por su variado contenido en vitaminas. Está compuesta por vitamina C –antioxidante, esencial para favorecer las funciones psicológicas normales y para la absorción del hierro–, vitamina A –contribuyen al mantenimiento normal de la piel y la visión– y otras como las del grupo B –con alto contenido en B12, esencial en el proceso de división celular y para reducir la sensación de cansancio y fatiga.

Vistos sus beneficios, te preguntarás cuál es su aspecto y cómo tomarla. El alga chlorella se puede comprar como complemento alimenticio en cápsulas, comprimidos o polvos y puedes encontrarla de venta en farmacias o herbolarios. La chlorella se puede incluir en recetas como un batido verde, una salsa tipo pesto para pasta, en ensalada o una pizca en postres como en un yogur. 

 

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