Los pies soportan el peso de todo nuestro cuerpo, se ven atrapados en zapatos a menudo incómodos ?con demasiado tacón o demasiado planos, estrechos, de un número inadecuado o de materiales que no dejan transpirar la piel-, y a menudo los ninguneamos en nuestros cuidados diarios, olvidando hidratarlos y exfoliarlos. Así que, no hay duda, merecen que les dediquemos un momento para ofrecerles un buen masaje que además no sólo hará que nuestros pies se sientan mejor sino que nos hará sentir relajados y nos ayudará a aliviar la tensión en todo el cuerpo.

Antes de empezar con el masaje, hay que poner los pies en un agua caliente durante diez minutos y lavarlos con un gel suave. Luego, los secaremos bien y nos pondremos aceite de masaje en las manos para calentarlas y lograr que se deslicen mejor por la piel. Además el aceite servirá también para hidratar las zonas más secas de los pies.

Para empezar, masajearemos el empeine descendiendo con ambas manos primero hacia los dedos y luego hacia el talón. A continuación giraremos el pie para concentrarnos en la planta, empezando por masajear cada uno de los dedos, empezando por el dedo gordo y avanzando hacia el pequeño. También haremos presión en las almohadillas, utilizando los pulgares

A continuación masajearemos el arco de la planta del pie con el puño cerrado, moviendo en círculo y de abajo a arriba. A menudo el arco del pie es una de las zonas en las que se acumulan más tensiones, así que merece especial atención. Además recorreremos los laterales. Luego, descenderemos hacia el talón que tomaremos con ambas manos y masajearemos con los pulgares.

Después, alzaremos el pie y lo haremos girar en círculos, primero a la derecha y luego a la izquierda, para aliviar las articulaciones. Para acabar, masajearemos suavemente los músculos extensores y los gemelos hasta llegar a la rodilla. Una vez hayas repetido la secuencia en ambos pies sécalos con una toalla limpia para retirar el exceso de aceite y no olvides lavarte cuidadosamente las manos.