Para nuestro bienestar, tan importante es saber construir relaciones sociales sanas, como recogernos en soledad para encontrar una conexión con nuestro yo interior. Por tanto, pese a que se le ha otorgado socialmente una connotación negativa a tal estado emocional y/o físico, estableceremos una clara diferencia entre lo que llamaremos soledad y lo que llamaremos desolación.

La soledad, digamos que deseada, se corresponde con esos momentos de intimidad que buscamos para relajarnos y estar bien con nosotros mismos. Y es que no son pocas las cosas buenas que nos aporta. Vendría a ser como la sensación de tranquilidad que experimentamos cuando estando estudiando para los exámenes finales, o teniendo mucha carga de trabajo ante un proyecto que tenemos que entregar de manera inminente, nos tomamos un descanso o respiro para desconectar de la tensión y relajarnos. Como podemos ver, en este supuesto los sentimientos de tristeza y abatimiento no tienen cabida.

La desolación, o soledad no deseada, parte de un apego o dependencia con los demás. Se trata de querer estar con alguien y no poder. Pretendemos que la otra persona llene el vacío que por nosotros mismos no logramos completar. Estará por tanto más relacionada con sentimientos de tristeza, nostalgia, desesperanza, etc. todos ellos de índole más negativa, y por ende, más perjudicial para nuestro organismo.

El maestro budista Gueshe Kelsang Gyatso considera que cuando nuestra paz interior es muy débil, nos supone un gran esfuerzo alcanzar la soledad, aunque sólo sea un instante, y por supuesto mucho más mantenerla. Por el contrario, todas las causas de rechazo y sufrimiento que hemos establecido en nuestra mente (ego, apegos, competitividad, territorialismo, exigencias) son muchas, muy diversas y muy fuertes, presentándonos continuas oportunidades de dolor y frustración, lo que llamamos desolación.

Hemos crecido en una sociedad donde el estar solo se ha estigmatizado de manera negativa, típicas son las frases de «Como no te des prisa de encontrar un novio/a, te vas a quedar para vestir santos» o «¿Te has enterado que el hijo de fulanita se ha ido solo de vacaciones? Seguro que debe estar metido en algo raro».

¿Estamos realmente preparados para aceptar que cada uno es libre de escoger su forma de vivir la vida?. Sin embargo, lo más importante de este transitar lo tenemos que hacer solos: nacer, morir, madurar, padecer el dolor, etc. Resulta curioso ¿no?. En definitiva vivir, nadie más lo puede hacer por nosotros.

No se trata de volverse un ermitaño, sino de conectarse con el sentir, el respirar, el disfrutar del silencio, el dejar al lado por un momento tantas responsabilidades y preocupaciones, darnos cuenta de la necesidad de ser «Yo».

¿Conoces el término Masturdating? Podríamos traducirlo como “La cita con uno mismo”. Se trata de disfrutar de la mejor compañía, la tuya. Realmente, pese al ritmo de vida que llevamos, no es tan complicado encontrar un momento de soledad.

Establece nuevas pautas de comportamiento, como por ejemplo decidir ir solo a comer de vez en cuando, dedicarte una tarde para hacer aquello que te gusta, o simplemente disfrutar de la felicidad de quedarse tranquila en casa. Pregúntate, conócete, descúbrete, conquístate, ¡MASTÚRDATE! Verás lo bien que te sientes, porque no necesitas a nadie más que a ti para encontrar el equilibrio emocional que estás buscando. La respuesta se encuentra en tu interior.  

¿Es saludable entonces la soledad? La respuesta está clara, Sí. Expongamos algunos de sus beneficios:
 

  • El estado de calma que nos proporciona la soledad, consolida el proceso mediante el cual afianzamos nuestras memorias, haciéndolas tanto más duraderas como más precisas.
  • Ayuda a desarrollar la capacidad empática, al reconocer que todos necesitamos de un momento de introspección para encontrarnos. 
  • Favorece la expresión creativa. Creatividad y emociones van de la mano. Albert Einstein decía «He vivido en soledad en el campo y me he dado cuenta de cómo la monotonía de una vida en silencio estimula la creatividad».
  • Nos ofrece una sensación de libertad muy satisfactoria, al tener control sobre uno mismo.
  • Fomenta la habilidad para establecer lazos sociales saludables y fuertes. Al conocernos mejor a nosotros mismos, logramos relacionarnos mejor con los demás.
  • Fortalece el carácter y la identidad. Un ejemplo muy claro lo encontramos en los adolescentes. Estos necesitan del aislamiento para definirse y encontrar su sitio en la vida. ​