Tener un buen nivel de autoestima, respetar a los demás y a una misma, junto con saber decir “no” y expresar libremente sus opiniones son algunas de las características de una persona asertiva y de la asertividad. La psicóloga clínica Olga Castanyer, coautora de Voy a ser asertiva, nos da las herramientas para que las mujeres podamos autoafirmarnos. Porque “hubo un momento en el que caminaste sola, escribiste sola, estudiaste sola y te vestiste sola. Recuerda ese momento”, en palabras de Monique Witting.

Decir lo que piensas, defender tus valores, quererte y relacionarte con los demás al mismo nivel. Todos estos aspectos forman parte de una persona asertiva, aquella con capacidad de autoafirmar los propios derechos sin dejarse manipular y sin manipular a los demás. Pero la teoría es una cosa, y la práctica, otra. En ocasiones esta capacidad nos falla. “Nos podemos imaginar a una persona con autoestima baja, que mira dentro de sí y no encuentra nada digno de ser valorado o querido. Entonces, esa persona necesitará “hacerse querible”, “hacerse valorable” para que los demás, con su reconocimiento, la hagan sentirse así. Esa es la dependencia emocional que desarrollan las personas con baja autoestima, que puede derivar en buscar el cariño y la aceptación con una conducta sumisa o el poder y el control con una conducta agresiva”, explica la psicóloga especialista en Psicología Clínica Olga Castanyer.

Respeto mutuo

“No somos asertivos porque no tenemos un buen nivel de autoestima. Y dentro de tener un buen nivel de autoestima está el gestionar adecuadamente las emociones”, explica Castanyer. “El término asertividad nació como una forma de hacerse respetar a uno mismo, respetando a la vez a las otras persona. Lo que ocurre es que eso de “hacerse respetar” es un concepto muy goloso y puede derivar fácilmente en salirse con la suya, pensar solo en mí y en mis necesidades, ganar... El mundo empresarial es quien más a enfatizado en eso, convirtiendo la asertividad en una herramienta para negociar... y convencer”, aclara. Nada más lejos de la realidad. “Lo que hace que alguien sea asertivo y se diferencie de los demás por ello es la capacidad de hacerse respetar, respetando a la vez a la otra persona y defenderse de los ataques o críticas son ejemplos de ello. Pero también está el saber decir no, expresar peticiones, mostrar opiniones propias...”, enumera Castanyer. “Quien se valora y respeta a sí mismo estará pendiente de los estímulos que le puedan doler, ofender o enfadar y sentirá la necesidad de actuar para disminuirlo, expresándoselo al otro”, añade la especialista. Resulta, pues, fundamental cómo nos comunicamos: “Se dice que en una interacción, el 80% del mensaje es no verbal y solo el 20% lo conforma el contenido . No es lo mismo decir, con una sonrisa y mirando a los ojos, “no estoy de acuerdo contigo”, que decirlo con voz entrecortada y mirando al suelo, que gritando e invadiendo el espacio del otro. Lo no verbal son “instrucciones” que damos a las demás personas sobre cómo tienen que tratarnos”.

 Cuidado con las falsas creencias

“Todas las personas tienen un área con la que les cuesta enfrentarse, incluso las más asertivas. Que cueste no quiere decir que no se pueda afrontar”, dice Castanyer. Y en ello influyen, por ejemplo nuestras creencias, ya que lo que nos decimos, los pensamientos que determinan nuestra conducta están dirigidos por unos esquemas o reglas que asumimos como ciertos. El problema es cuando esas creencias son irracionales. “Están tan profundamente arraigadas en nosotros, que dirigen nuestras decisiones y nos hacen interpretar la realidad en base a ellas. Si tengo la creencia irracional “es necesario ser querida y aceptada por todo el mundo”, interpretaré con catastrofismo cualquier signo de la otra persona que sea serio u hostil. ¡Aunque al otro le esté doliendo la muela, yo interpretaré que se ha enfadado conmigo!”, comenta Castanyer. En este sentido, las autoras del libro recomiendan “recuperar al filósofo que todas llevamos dentro”. Por tanto, hacerse una serie de preguntas poderosas –¿en qué me baso?, ¿qué me detiene?, ¿quién lo dice?– que estén libres de juicios y nos harán reflexionar. “Necesitamos revisar nuestros prejuicios, nuestras idealizaciones. Todo aquello que nos condiciona y nos impide cambiar nuestra percepción de la vida y de lo que realmente es importante y tiene valor, empezando por nosotras mismas”, concluyen.