En el hinduismo y el budismo, el mandala es un dibujo complejo, generalmente circular, que representa las fuerzas que regulan el universo y que sirve como apoyo de la meditación. Del centro del mandala parte la multiplicidad que toma diferentes formas. Ese centro o unidad primordial contiene todas las posibilidades que se van manifestando, y su circunferencia representa el movimiento circular perfecto y eterno que no tiene ni principio ni fin.

En la naturaleza está siempre presente en los cambios de las estaciones, la noche y el día o el crecimiento y muerte de animales y plantas. Podemos ver el desarrollo a partir de un centro o rodeando un centro en los copos de nieve, los remolinos del agua, las flores o las telas de araña; pero donde realmente se hace evidente es en la forma del interior de las frutas. Si las cortamos por la mitad, veremos el centro, donde en algunas se encuentran las semillas, la carne interna y la piel que las protege y delimita.

Desde el punto de vista espiritual, el mandala es un centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar el entorno y la mente. Dentro de las múltiples técnicas de relajación orientales, se encuentra la de dibujar y colorear mandalas, una terapia artística que parte de algunos de los beneficios del arte como el estímulo de la creatividad. Mediante este ejercicio, uno va recorriendo un camino que lo lleva a su propio centro para conectar con su propia esencia y, de esta manera, enriquecerse con los valores que allí habitan.