Producir más trabajando menos puede parecer, a día de hoy, una utopía. En la actualidad, se asemeja trabajo y productividad con esfuerzo y tiempo, pero esta fórmula no siempre es la más acertada. Descansar estratégicamente lo largo de la jornada es, curiosamente, garantía de mejores resultados.

En concreto, conviene aumentar la calidad del trabajo y no el tiempo dedicado a ello. La clave, centrarse en una sola tarea y eliminar las distracciones. Los descansos ayudan así a recuperar la capacidad de concentración. Así, aunque en un primer momento uno pueda asociar estos descansos con un trabajador perezoso y contraproducente, en realidad los resultados son completamente opuestos. Hacer un descanso cada 90 minutos regenera la capacidad de atención.

Al igual que los músculos necesitan relajarse después del ejercicio, la mente humana también necesita relajarse tras períodos intensos de concentración. Encontrar el equilibrio entre relajación y trabajo es primordial, aunque, muchas personas suelen obviar dichos descansos. Respirar o salir a andar durante 15 minutos, comer algún tentempié cada 90 minutos o realizar una siesta de 20 minutos son algunos de los consejos que ayudan a aumentar la productividad en el trabajo. Que los empleados puedan hacerlo será decisión (inteligente) de sus superiores.