Tienes poco apetito, estás en plena operación bikini o te asalta la desidia a la hora de preparar un plato en condiciones: sea cual sea el motivo por el que te saltas una comida y si lo haces de forma habitual, es un hábito que tendrías que desterrar tanto si quieres perder peso como si deseas seguir un estilo saludable.

Antes que dejarse llevar por el factor estético, gozar de una buena salud requiere realizar correctamente el almuerzo, la comida y la cena en condiciones, siguiendo una dieta mediterránea que te ayudará a mantenerte en un peso adecuado e incluso perderlo.

Además, si el hambre acecha a media mañana o por la tarde, tienes múltiples opciones de snacks ligeros que puedes llevarte a cualquier lado. Te contamos más abajo por qué deberías garantizar una rutina alimentaria a diario y qué le pasa a tu cuerpo al no hacerlo.

1. Se alteran los niveles de azúcar en sangre

La fuente principal de energía en el cuerpo es la glucosa, es decir, el azúcar. Por este motivo, sus niveles en sangre tienen que estar equilibrados. Sin realizar el aporte de calorías necesario a través de la alimentación, el cuerpo tiene que esforzarse para ahorrar energía, lo que puede ralentizar –y boicotear– tu metabolismo.

Para encontrar toda la energía que necesita cuando comes poco o mal, el cuerpo echa mano de reservas: usa el glucógeno almacenado en el hígado, los músculos, el riñón y la grasa subcutánea para transformarlo en glucosa. Al agotarse dichas reservas, el cuerpo empieza a quemar grasas. Esto no quiere decir que vayas a adelgazar, ya que el ayuno implicará que tu apetito aumente y generará alteraciones hormonales, los llamados picos de insulina –la hormona que regula la glucosa en sangre–.

2. Aumenta la sensación de cansancio

Te sentirás fatigada, malhumorada, irritable o con dolor de cabeza. Es el resultado de seguir el patrón de saltarte comidas y son síntomas causados por la hipoglucemia, un nivel de glucosa en sangre inferior al adecuado. Si además pasas demasiado tiempo practicando ayunos, por ejemplo si sigues dietas sin supervisión, a la larga podrías experimentar náuseas y taquicardia.

3. La salud gastrointestinal empeora

Cuando el estómago está vacío durante mucho tiempo, empieza a segregar ácido gástrico. Esto puede llegar a irritar o dañar las paredes de este órgano y dificultar la absorción de nutrientes, produciendo gastritis, una dolencia que puede no dar síntomas, pero que en otros casos origina náuseas, vómitos, falta de apetito y dolor en la zona del vientre y del abdomen. 

4. Afecta a la concentración

Tal y como te pasa cuando vas corta de sueño y no puedes remediarlo, si descuidas la alimentación y no garantizas los nutrientes esenciales a diario, rendirás menos y tu capacidad de atención irá a la baja. Asimismo, aparte de tener que aguantar la sensación de hambre, carecerás de energía suficiente para rendir durante el día. 

5. Empeora la calidad del entrenamiento

Hay excusas que te servirán para rehuir del gimnasio, y haberte saltado la comida o la merienda es una de ellas. Entrenar con hambre o si estás pasando una etapa en la que tus rutinas de alimentación son descontroladas, puede poner en jaque la calidad del entreno, empeorar tu sistema inmunitario y hacer que necesites más tiempo para recuperarte. 

6. Apetecen comidas calóricas y copiosas

Si te has saltado el desayuno o una cena, habrás experimentado que la siguiente comida la haces con mayores ansias y necesitas más cantidad para quedarte saciada. Aparte de ingerir más comida, para quedar totalmente satisfecha es posible que recurras a opciones muy ricas en calorías y en azúcares, frente a recetas que incluyan, por ejemplo, frutas y verduras, cuya ingesta se debería garantizar a diario.