Empecemos por el azúcar, y no nos referimos a la inevitable fructosa presente en las naranjas o en el melón –no uses esa excusa para comer menos fruta, que no va de esto–, sino en los azúcares que añadimos nosotras expresamente y en aquellos empleados en la bollería industrial (sí, en ese donut glaseado que has devorado para “matar al gusanillo”). Esos son los malos.

En primer lugar, porque el “gusanillo” no se mata: los hidratos de carbono simples que contienen estos alimentos no te sacian de verdad (en cambio los complejos, como los que contiene la avena, sí).  

Y en segundo lugar, porque si no quemas estas calorías que contiene el azúcar y que tú decides añadir de manera más o menos consciente, se van a partes de tu cuerpo no deseadas en forma de lípidos, como a las cartucheras, los brazos, el trasero… ¿Hace falta seguir?

 

Y además, serios problemas de salud

Más allá del autoboicot que te puedas infligir añadiendo cucharaditas de más, la diabetes de tipo 2, es decir, la derivada de una mala alimentación, puede acecharte seriamente. Así lo reafirma un estudio de 2013 de la UCSF (University of California San Francisco): los investigadores de este estudio examinaron los datos de 175 países en la pasada década que relacionaban los índices de azúcar con la diabetes y concluyeron que, en los países en los que el azúcar era abundante en la dieta, sus habitantes tendían a sufrir diabetes. Es para tomárselo en serio.

Y no solo diabetes: según un estudio de 2014 publicado en JAMA: International Medicine, un alto consumo de azúcares añadidos suponía más riesgo de sufrir un ataque al corazón.
 

Azúcar o grasa ¿qué es peor?

 

Está en tu mano (más o menos)

Debes grabar en tu mente este dato: el azúcar tiene 16 kcal por cucharadita. Si hablamos de una persona adulta, la OMS recomienda un máximo de 12 cucharillas de azúcar al día. Si eres de las que se está pasando, vas a necesitar esta plan de 4 semanas para dejar el azúcar.

Las etiquetas de los productos contienen la valiosa información en la que nos debemos fijar. La clave se encuentra en “carbohidratos (de los cuales azúcares)” del listado que marca las propiedades nutricionales de los productos. 15 gramos por cada 100 de producto es demasiado, mientras que 5 por cada 100 es correcto. Prueba con esta Calculadora de azúcar oculto de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), te entretendrás (aunque algún susto también te llevarás).

Para ahondar en este asunto desde una perspectiva más bien agridulce, vale la pena echar un vistazo a la completa web del controvertido documental That Sugar Film, el experimento de Damon Gameau para demostrar los peligros del azúcar añadido en la dieta.
 

Azúcar o grasa, ¿Qué es peor?

El lado oscuro (de las grasas)

Si las grasas son tan malas, ¿por qué están en la base de la pirámide de los alimentos, junto con los hidratos de carbono y las proteínas? Ahí hemos pillado a más de un enterado de la nutrición, muchos corren por ahí.

En resumidas cuentas, las grasas saturadas y trans son malas, porque obstruyen las arterias (lo que comporta colesterol LDL o “malo”, por no mencionar accidentes cardiovasculares en el peor de los casos). Como ocurre con el azúcar, los productos procesados (bollería de nuevo), son los que contienen estas grasas, además de los embutidos, la mantequilla, los quesos grasos o la leche entera. Y en este caso también sucede que todo lo que no se quema se convierte en "chicha" no deseada. 
 

Azúcar o grasa ¿Qué es peor?

No todas las grasas son malas

Las grasas insaturadas y los ácidos omega-3 y omega-6 son los buenos, porque favorecen un funcionamiento óptimo del sistema nervioso y, además, son imprescindibles para una buena palatabilidad de la dieta, es decir, para que lo que comemos nos sepa bien. El pescado azul, el aceite de oliva, los frutos secos o el aguacate son ricos en grasas insaturadas, que favorecen el colesterol "bueno" o HDL, es decir, el cardiosaludable.