La nutrición es una de las ramas de la salud que más quebraderos de cabeza da a la población. Mientras hay teorías que apuestan por dietas bajas en carbohidratos, otras señalan que hay que evitar las grasas, en particular, las trans y reducir las saturadas. Sin embargo, el común de los expertos recuerda que la mejor dieta es la variada y equilibrada, es decir, aquella que cuente con todos los nutrientes pero que evite algunos que sí pueden producir daños en la salud.

Es el caso de los alimentos ricos en azúcar, sobre todo refinado, un ingrediente que ha llegado a denominarse como tóxico por los efectos que produce en el cerebro. Este glúcido o carbohidrato simple parece simular el mecanismo de otras drogas que estimulan una zona del cerebro relacionada con la recompensa. Al consumirlo se produce la segregación de ciertas sustancias que producen placer. Sin embargo, el organismo lo paga.

El azúcar simple puede elevar los niveles de glucosa en sangre y puede crear resistencia a la insulina, la hormona segregada por el páncreas y que está encargada de quemar el azúcar para convertirlo en energía. Si la cantidad de este nutriente es demasiado elevada, acaba en el torrente sanguíneo, propiciando enfermedades como la diabetes, además de obesidad.

Los hidratos de carbono complejos, por su parte, que se encuentran en alimentos como las legumbres, los cereales integrales y otros como los frutos secos, son nutrientes esenciales que el organismo necesita para tener energía y para un buen funcionamiento del cerebro.

¿Qué ocurre con las grasas?
Respecto a las grasas, durante mucho tiempo se ha recomendado a la población que modere el consumo de estos nutrientes. Sin embargo, los estudios recientes señalan que no debe reducirse su ingesta sino seleccionar qué tipo de grasas se consumen.

Por ejemplo, las saturadas son las que proceden del reino animal y se recomienda limitar su consumo. Las trans son las resultantes de un proceso artificial en el que se convierte la grasa líquida en sólida y que aporta mayor sabor a los alimentos. Está considerada como la responsable del aumento de la obesidad, colesterol y de sus enfermedades asociadas.

En cambio, las grasas insaturadas (monoinsaturadas y poliinsaturadas) que se encuentran en alimentos como los aceites vegetales, semillas, frutos secos y pescado azul han demostrado ser muy beneficiosas para todo el organismo, sobre todo para cuidar del corazón, proteger la memoria y contra algunos tipos de cáncer como el de mama.