¿Qué es el Budismo?

El budismo te anima a utilizar todo el rango de tus habilidades y de tu inteligencia mental, emocional y espiritual, en lugar de creer con fe ciega a las autoridades del pasado”, explican Landaw y Bondian. Esta actitud ha hecho del budismo –de 2.500 años de antigüedad e iniciado en la India– atractivo para los occidentales. Ambos aclaran que en el budismo no hay un dios ni un conjunto de creencias, pero sí devoción e iconos. “Si las enseñanzas son adecuadas para ti, aplícalas a tu vida tanto como puedas. Si no te van bien, déjalas estar”, aconseja el dalái lama, remarcan. Además, los budistas no están apegados al sufrimiento: una vida dominada por emociones y costumbres negativas se llena de insatisfacción. Y el karma, por su parte, cambia en función de cómo actúes, pienses o hables. Te dejamos 18 lecciones del Budismo que puedes aplicar a tu día a día.

1. Líbrate de los ruidos

Ya sean ruidos externos o internos, no existen lugares completamente insonorizados. Es posible lograr el silencio en cualquier lugar bullicioso. Si sufrimos por una razón, poco importa que vayamos al mar o a la montaña; nuestro sufrimiento nos seguirá y permanecerá pegado a nosotros”, dice Keisuke Matsumoto, monje budista.

Cómo conseguirlo: Cambia tu perspectiva, experimenta con distintas formas de ver la situación y pon más atención en mejorar tus reacciones y no en cambiar el rol. “Si no cambiamos nuestra manera de percibir las cosas veremos siempre el mundo lleno de nubes. Agarra los distintos sonidos como tales”, afirma Matsumoto. Pueden llegar a ser armoniosos.

Dificultad: Media.

2. Genera buenas relaciones

“Las relaciones humanas solo pueden dar buenos frutos si el alma está serena”, afirma Matsumoto. No dejarse llevar por la ira es uno de los preceptos zen. Todos nos enfadamos. “El budismo enseña que todos estamos interconectados y somos interdependientes. En el nivel más profundo, todos somos uno. Alcanzar tu potencial más alto debe incluir proporcionar también la felicidad y la realización a los demás”, dice.

Cómo conseguirlo: “Uno se involucra en la meditación por muchas razones, una de las más importantes es superar obstáculos como el odio y la ira”, explican Jonathaw Landaw –editor de las traducciones del dalái lama– y Stephan Bondian –maestro budista zen y psicoterapeuta–. Respira profundamente varias veces, eso te ayudará a calmarte. “Si nos dejamos llevar por la cólera nos comportaremos de forma violenta con los demás y eso hará que este veneno –como lo califica el budismo– sea insostenible y una persistente situación de sufrimiento”, añade el monje Matsumoto.

Dificultad: Media.

3. Desarrolla la paciencia

Para el budismo, ésta es lo opuesto a la ira y la irritación. “Practicando la paciencia puedes mantener la mente libre de la ira y tus problemas ya no te molestarán. Es un modo eficaz de protegerte de las dificultades de la vida”, afirman Landaw y Bondian.

Cómo conseguirlo: Permanece tranquila porque si respondes con ira empeorarás la situación. Actuar así ya es una forma de cultivar la paciencia y, a menudo, mira a los que te incomodan como iguales a ti y entrena tu autocontrol.

Dificultad: Alta.

4. ¿Información? Sé cauta

Hoy hay muchísimos estímulos a nuestro alrededor y podemos elegir entre un sinfín de cosas que hacer. Pero además de mucha energía, saber elegir requiere controlar la cantidad de percepciones que recibimos. La información no debe gobernarnos. Si no nos esforzamos por controlarla acabaremos nuestros días dando demasiada importancia a cosas insignificantes.

Cómo conseguirlo: “Pensad en las elecciones que hacéis como si fueran unos naipes: es natural querer saber cuáles son los que aún están tapados, pese a que no todos tienen el mismo valor”, advierte el monje, autor de Manual de un monje budista para liberarse del ruido del mundo (Duomo ediciones). “Las cartas importantes que debemos destapar no son tantas: tenemos que concentrarnos solo en ellas y tener la fuerza de voluntad necesaria para ignorar a las demás”, añade con el ejemplo.

Dificultad: Media.

5. No vales por tu dinero

El dinero es una fuerza que domina nuestra vida cotidiana. Ayuda a cubrir necesidades básicas, obtener objetos y servicios, y conservarlo nos reconforta. Pero... “Se mide el valor de las personas en función de su cuenta bancaria. Quien tiene mucho es un vencedor, quien tiene poco, un perdedor”, dice Matsumoto. Cuanto más se tiene más se desea, cuanto más tienen los demás, más deseamos nosotros. Problema: experimentar la envidia o la superioridad que surge al compararnos. Esto no es la felicidad.

Cómo conseguirlo: Vivir con serenidad y, para ello, debemos evitar ser esclavos de los deseos, rehuír de los excesos y mantener la estabilidad. La codicia es difícil de controlar. “Tienes que familiarizarte con otra manera de mirar las cosas: aprender a meditar y entrenarte para reconocer que las cosas que deseas no son tan permanentes o tan inherentemente atractivas como imaginas que son”, aconsejan Landaw y Bondian en Budismo para dummies.

Dificultad: Alta.

6. Piensa de forma autónoma

Tendemos a compararnos con los demás. A veces es inevitable. Y eso marca nuestra forma de pensar y nuestras acciones. Es preferible, por ejemplo, no comparar a nuestros hijos con los de los demás. Eso puede generar insatisfacción en ambas partes. “Según la filosofía budista todos caminamos solos, por nuestro camino, pero también las personas que recorren el suyo son importantes”, dice Matsumoto.

Cómo conseguirlo: Si quieres hacer una comparación, hazla con la persona que has sido hasta ahora o con aquellas que te sirvan como ejemplo para mejorar. Que sean fuente de motivación. El principio “yo soy yo, los demás son los demás” no implica abandonar las relaciones interpersonales. No escuchar a los demás es un error pero no pensar con nuestra cabeza es peor. Quienes actuamos somos nosotros (y somos los responsables de nuestros errores).

Dificultad: Media.

7. Mira sin prejuicios

Cada uno ve las cosas a su manera. Que ante un mismo cuadro, cada uno puede tener sensaciones distintas. El problema es mirar las cosas con tu par de gafas de colores, es decir, observar a través de un filtro, que podría ser el equivalente a un prejuicio. Libérate de la necesidad de querer tener la razón. La subjetividad es inevitable pero...

Cómo conseguirlo: La clave es comprender, por ejemplo, por qué esa persona tiene sensaciones distintas al ver el cuadro. De esta manera entenderás su punto de vista. Recuerda, y esto es muy importante para el budismo, que tu mente crea, da forma y experimenta todo lo que te ocurre, sin excepción. Lo que ocurre dentro de ti es más importante para determinar si eres feliz o desgraciada que cualquier otra circunstancia externa. Tu actitud mental determina tu calidad de vida.

Dificultad: Media.

8. Elimina círculos viciosos

Hablar mal de los demás incrementa nuestra energía negativa. Sí, nos hace sentir mal porque, ¿cómo puede hacernos sentir bien hablar mal de los demás? Puede incluso generarnos momentos de ansiedad, preocupación y sufrimiento. De hecho, no producir el mal, practicar el bien y hacer real el bien para los demás son preceptos zen.

Cómo conseguirlo: Si alguien nos coge manía o habla mal de nosotros es mejor no tomárselo demasiado en serio. Recibir la ofensa replicando o atacando nos hace caer en un círculo vicioso. Para los budistas no hablar mal de los demás, no mentir y tampoco adularlos, son preceptos importantes. De hecho, entran dentro de la categoría de acciones virtuosas.

Dificultad: Fácil.

9. Practica la meditación

Para Landaw y Bodian, la meditación es una forma de familiarizarse con uno mismo: con tus pensamientos, tus sensaciones, tus sentimientos, tus patrones de conducta y tus actitudes. Vuelves tu atención hacia ti misma. Es el equilibro entre el estado de alerta y la relajación. Te ayuda, por ejemplo, a esquivar tus viejos hábitos destructivos y a domar tu mente. Lograrás un ajuste de actitud. “Pero es algo que solo puedes hacer por ti misma”, advierten Landaw y Bodian.

Cómo conseguirlo: Levántate temprano y, en silencio, medita. Empieza por unos minutos al día, ojos cerrados, postura cómoda... Hay muchísimos recursos por internet para aprender a meditar, libros y cursos acreditados. Piensa en todos los beneficios que puedes obtener y en que la meditación será ese recurso para activar la paciencia, la compasión amorosa o la satisfacción. Incluso el control de la ira. Si tienes a alguien cerca que te resulta desagradable, terminarás por no exteriorizar tu hostilidad.

Dificultad: Media.

10. Camina y escribe

Además de la meditación, otros hábitos introspectivos nos ayudan a superar obstáculos. “Afrontar un viaje a pie es la única forma de poder mirar nuestro interior con tranquilidad”, dice Matsumoto. Caminar es una práctica ascética budista. Escribir te hace profundizar en los sentimientos.

Cómo conseguirlo: Emprender un viaje a pie cuando todo lo vemos negro. “Es importante avanzar paso a paso con la única ayuda de nuestras fuerzas y los pies bien plantados en el suelo”, añade. Anota cada día cómo te sientes, aunque sean textos cortos, dedícale 30 minutos al día.

Dificultad: Fácil.

11. Sé coherente

Una cosa es cambiar de opinión porque nos han aportado mayor información de la que teníamos y creemos que así obraremos mejor; y otra cosa bien distinta es contradecirse. Si lo hacemos continuamente perderemos credibilidad y nos sentiremos aislados.

Cómo conseguirlo: La coherencia es un comportamiento virtuoso. El jefe que se contradice sin cesar, por ejemplo, que un día nos dice una cosa y otro día, otra, es el típico comportamiento que deberíamos evitar. Predica con el ejemplo y si no estás segura de tus convicciones, reflexiona antes de afianzar tus palabras.

Dificultad: Alta.

12. Da a los demás

En lugar de ahorrar o de gastar para nosotros, también podemos dar a los demás. Es importante cambiar de perspectiva y pasar del apego a la generosidad. En el budismo existe una práctica denominada fusegyo, un principio común a muchas religiones: ofrecer, renunciar al propio dinero y darlo a quien más lo necesita. La generosidad es una de la perfecciones del budismo.

Cómo conseguirlo: Hazlo sin tacañería ni pesar. La generosidad puede entenderse de diversas maneras: desde la material, aportando bienes o servicios a quien lo requiere (ropa, cobijo, dinero, alimentos...); pasando por protección o guía y conocimientos. Poco a poco irás aprendiendo a despegarte de tus apegos: posesiones materiales, tiempo, energía...

Dificultad: Fácil.

13. Olvídate de la queja

La queja es ruido, es karma negativo y, además, termina por minar tu entusiasmo. Todos tenemos motivos para quejarnos, sí, pero también para estar agradecidos. Cada vez que irrumpa la queja, piensa en algo que debas agradecer. Puede que esa queja sea fruto del derrotismo. Entonces...

Cómo conseguirlo: Para debilitar esas ideas derrotistas y eliminarlas de tu mente, puedes utilizar lo que se llama afirmaciones, explican Landaw y Bondian, quienes ponen como ejemplo, “soy una persona amorosa y tengo el poder de ayudar a los demás”.

Dificultad: Media.

14. Sigue tu camino

Esto es algo compatible con la generosidad. El budismo es claro: avanza a tu propio ritmo, toma lo que mejor te funcione y deja el resto y, lo más importante, cuestiona lo que oyes, experimenta tu verdad por ti mismo y hazla tuya. La vida convencional está marcada por la insatisfacción. Pero es tu mente la que marcará tu nivel de felicidad, remarca el budismo.

Cómo conseguirlo: El camino que elijamos puede ser correcto o no. Pero elegir significa asumir responsabilidades. Si tomado un camino sentimos que estamos avanzando de verdad, debemos reflexionar. Pensar el motivo nos puede hacer cambiar el recorrido cuando sea posible y sentirnos mejor por ello.

Dificultad: Alta.

15. Concéntrate más

Cuanto más atenta estés, más se fortalecerá y profundizará de forma natural tu concentración. “Si la consciencia ordinaria se parece a una bombilla de 100 vatios, la concentración es como un reflector o, si consigues centrarla finalmente, como un rayo láser”, explican los especialistas. Cuando esto pasa tiendes a quedarte absorta en lo que estás haciendo.

Cómo conseguirlo: A los budistas se les anima a practicar la atención a lo largo del día, en cualquier actividad. Ya sea en el coche, haciendo cola en el súper o ordenando puedes estar atenta a tus sentimientos, sensaciones y pensamientos. “La atención consciente tiene el beneficio añadido de hacer tu vida más agradable: cuanto más pongas de manifiesto tu vida, más la aprecias”, afirman Bondian y Landaw.

Dificultad: Media.

16. Comprende lo qué desean

Todo el mundo quiere ser feliz y evitar el sufrimiento. No es difícil de imaginar. Incluso hay personas que se hacen daño a sí mismas creyendo que así se aliviarán del dolor. Cuando alguien te hace daño, normalmente pensarás que lo hizo a propósito, pero si piensas que actúo así porque buscaba su felicidad... Hará que te centres en la comprensión. Recuerda que esto no es poner la otra mejilla.

Cómo conseguirlo: Mira a los demás como iguales, eso ayudará a que reduzcas tu egoísmo. Cuando estés con un grupo de gente, de amigos, piensa en que todos ellos también quieren ser felices. Seguro que te relajas y empiezas a sentirte algo mejor. Aparca la cantinela del yo, yo, yo...

Dificultad: Media.

17. Agradece la comida diaria

“Tenemos que agradecer siempre la comida con la que nos nutrimos y no darla nunca por sentado”, comenta el monje Matsumoto. “Un precepto budista prohíbe matar a otros seres vivos, pero no comer carne”, añade. Sin embargo, la dieta budista es sobretodo vegetariana y agradece siempre la comida que se le ofrece.

Cómo conseguirlo: Piensa en lo que comes y cómo has conseguido cocinarlo, quién pudo facilitártelo, cultivarlo... y agradece cada bocado. Aliméntate con una dieta saludable con alimentos frescos y de kilómetro cero.

Dificultad: Fácil.

18. Cuida siempre tu lenguaje

Engañar a alguien a propósito al decir algo que uno sabe que no es verdad es uno de los preceptos que no tolera el budismo. No mentir, como tampoco hablar con el objetivo de causar enemistad entre dos personas. Incluso aunque lo que cuentes sea verdad, es visto como conspirador.

Cómo conseguirlo: Aparca las mentiras, no las utilices porque arrastran más mentiras (y mayor sufrimiento). Evita el chismorreo ocioso, como también el hablar de forma violenta, los insultos... Incluso la diarrea verbal, ese parloteo que no lleva a ningún sitio.

Dificultad: Media.