Por endiablado que suene decirlo, al tumor de mama hay que agradecerle que no suele ser sigiloso. Y eso es una ventaja, porque cuanto antes se realice un diagnóstico precoz, mayores son las posibilidades de curación. Lo mejor es que no necesitas ni microscopio ni scanner de última generación para notar que hay algo raro en tus senos. Un examen visual frente al espejo, o una autoexploración sencilla con tus propias manos te pondrán sobre la pista. Del resto ya se encargará tu ginecólogo y, en su caso, el oncólogo.

En este sentido es importante insistir en que no pasa nada si detectas algo extraño o un nuevo dolor, vas a la consulta y resulta no ser nada anormal. Los médicos están acostumbrados. Yo misma acudí hace años alarmadísima con un dolor en la zona de la axila derecha y cierto oscurecimiento de la zona. Tras una exploración, el ginecólogo me confirmó el diagnóstico: me había magullado la zona cercana a una vértebra bajo el brazo al colocar el armario maletero de casa. Pero ese día dormí tranquila tras varias noches sin pegar ojo agobiada.

El dolor es una de las señales de alarma. Hay otros cambios en tu cuerpo que tras las cuales deberías ponerte en manos de los médicos inmediatamente. Y ciertas rutinas que le pondrán muy difícil al tumor lo de crecer y reproducirse. Y eso es una victoria. ¿Sabes cuáles son? Desde la Fundación Contra el Cáncer (FECOC) y la Asociación contra el Cáncer nos dan algunas pautas.

 

1. No saltarte las revisiones

Cada año, como un clavo, acude a tu ginecólogo. Aunque estés hasta arriba de trabajo, tengas obras en casa o haya una invasión alienígena en el pueblo de al lado. La revisión es impepinable desde que empiezas a reglar y tiene su razón de ser. Este profesional hará una exploración manual del pecho. Si no lo hace, insístele. Te preguntará si has notado algo raro en la mama. Háblale con confianza, está para ayudarte. Ante la menor sospecha, te mandará una mamografía.

Además, si estás en edad de riesgo (entre los 50 y 65 años) se incluye dentro del protocolo de prevención de la sanidad pública y forma parte de esa lista de pruebas que pueden salvarte la vida. En los últimos años muchos hospitales están ampliando el rango de edad para hacer mamografías de los 45 a los 65 años. Tranquila, es una prueba algo incómoda pero no duele, se tarda unos minutos y no da más radiación que una radiografía convencional. Ya puestas, es peor el dentista o un análisis de sangre. A cambio permite detectar el 90% de tumores, por pequeños que sean. Incluso dos años antes de que den la cara. La revisión a mano localiza menos del 50%. 
 

2. Olvida el calendario

¿Al darte la body milk has notado algo raro alrededor del pecho? ¿Te has hecho una autoexploración cerca de la axila y hay algo que no te cuadra? ¿Sientes como una lenteja bajo la piel? Podrían ser unos ganglios aumentados de tamaño. O un tumor. Pide cita con el ginecólogo. Aunque te toque revisión dentro de tres meses, insiste.

La saturación de la sanidad pública es grave, tal vez intenten convencerte para que esperes a tu cita anual. Tú insiste, pon una reclamación si es necesario. Y vuelve a insistir. Estás en tu derecho. A veces, unos meses marcan la diferencia entre un tratamiento más suave u otro más agresivo. Piensa que el síntoma más clásico es la detección de un bulto en la mama o en la axila (65-76% de todos los casos).
 

3. Atenta al cuerpo

¿Llevas unas semanas con un dolor en la mama y no estás premenstrual? ¿No se quita con la regla? ¿Notas distinta la piel del pecho? ¿Está más dura, más gruesa o hay como hoyuelos? Pide cita con el ginecólogo hoy mismo. ¿El pezón se ve como invertido, te salen placas de eczema que no curan o sangra levemente sin que te hayas hecho una herida? Pide cita. ¿La mama ha cambiado de tamaño o de forma sin razón? ¿Está enrojecida? Pide cita.
 

4. Revisa el árbol familiar

Si tienes antecedentes familiares de cáncer de mama, ovarios o útero, tal vez se deba a que genéticamente en tu familia sois más proclives a desarrollar esa mutación que conduce a que las células pongan a crecer desordenadamente dando lugar a tumores. Ojo, no significa que lo tengas ni que lo vayas a tener. Solo que llevas más papeletas.

Puede que el ginecólogo decida vigilarte de cerca, con más revisiones de las usuales. Existen cirugías preventivas que, aunque son agresivas, podrán librarte de este mal. Es el caso de Angelina Jolie, que perdió a su madre, a su abuela y a su tía por tumores ginecológicos. La actriz optó por no darle ninguna oportunidad al cáncer y se ha extirpado ambas mamas, las trompas de Falopio y los ovarios. Se trata de una decisión irreversible que, si se dan las circunstancias, debes sopesar con tu oncólogo.  
 

8 claves para enfrentarse al cáncer de mama