El ejercicio cardiovascular te hace sudar a mares. Y quizás por esa falta de transpiración que percibes después de una sesión de bicicleta, running o step, el cardio te parece uno de los mejores revulsivos contra los kilos que te estorban. Aunque sudar no es un síntoma definitivo, vas bien encaminada: los ejercicios aeróbicos te ayudarán en el cometido de quemar grasas, aparte de mejorar tu salud cardiovascular. Por otro lado, el entrenamiento para ganar masa muscular aporta beneficios –y sí, entre ellos está el aclamado propósito de afinar la silueta– que no podrán darte ni una hora encima de la elíptica ni los meneos arriba y abajo en zumba.

Si nunca tocas las pesas puede que seas de aquellas a las que les asaltan dudas como estas: ¿puedo engordar al ganar músculo?, ¿pareceré más masculina?... La respuesta a ambas cosas es un rotundo no: hay que hacer muchos ejercicios con peso para que unos brazos que tienden al descuelgue parezcan varoniles. Además, este entrenamiento quema calorías aún cuando ha terminado el tiempo de actividad física, es decir, mientras que en una sesión de cardio el gasto calórico se da al practicar, después de hacer pesas sigues perdiendo calorías, ya que el entrenamiento de fuerza acelera el metabolismo –que necesita recuperarse a posteriori–.

¿Y aún te preguntas por qué las clases de body pump, esas que te recuerdan a la halterofilia, están más concurridas que un centro comercial en rebajas? Aparte de ayudarte a perder peso, fortalecer toda la musculatura es una apuesta segura para evitar lesiones y prevenir enfermedades como la osteoporosis, que afecta más a mujeres que a hombres. Si quieres estar fuerte a prueba de golpes y restar calorías puedes empezar con esta rutina de ejercicios de la entrenadora personal Paula Butragueño.