Sueles culpar al chocolate cuando aflora un brote de granos en tu piel, ya sea en la cara o en el cuerpo. Pero vas mal encaminada. La relación entre la alimentación y estos incómodos visitantes tiene poco sustento científico, y “se ha visto que la mayor evidencia sobre el empeoramiento del acné se asocia a un exceso de consumo de lácteos o a alimentos que producen picos glucémicos”, señala Carolina Medina, miembro de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV).  

La dermatóloga explica que “lo ideal es acudir al médico cuando empiezan a notarse los primeros problemas de acné, ya que será más sencillo tratarlos. Y si hay un brote agudo, lo mejor es consultarlo cuanto antes y tratarlo con antiinflamatorios”.  Hay diferentes tipos de granos y lo más habitual es que aparezcan en la cara, el pecho y la parte alta de la espalda. La doctora Medina, con consulta en el centro Innova Medical (Las Palmas de Gran Canaria), nos da las claves para reconocerlos y tratarlos.

Puntos negros y más. Es muy frecuente en la pubertad, cuando la cara queda trazada por los denominados comedones. Estos se caracterizan por una aparición de pocas lesiones inflamatorias pero muchos puntos negros, blancos o los denominados quistes de milium –son un tipo de punto negro que queda retenido bajo la piel y toma el aspecto de un pequeño quiste blanco–.

Es uno de los acnés menos llamativos, pero de los más complicados de tratar. No solo prevalece en la adolescencia, sino que puede persistir durante mucho tiempo en la edad adulta, y se suele tratar mediante peelings químicos, limpiezas de cutis, tratamientos tópicos queratolíticos –que activan el recambio de la piel–. Sus causas tienen que ver con el uso de productos cosméticos, como cremas o maquillaje que prescinden de las etiquetas no comedogénico y oil free

Granos rojos (acné papustuloso). Aparecen pequeñas protuberancias rojizas, algunas de ellas con pus y otras sin. Es el típico de los adolescentes y tiene un componente hormonal asociado importante, por eso también es frecuente que se produzcan brotes durante la ovulación o cuando viene la regla, así como si se padecen trastornos como el síndrome del ovario poliquístico.

A diferencia del caso anterior, este tipo de acné responde mejor al tratamiento, que implica antibióticos porque es más severo. Los anticonceptivos también pueden mejorar su apariencia, pero es habitual que el problema resurga al abandonar su toma

Nódulo quístico. Este tipo de acné es uno de los más severos y profundos. Influye mucho la predisposición genética para desarrollarlo y se suele desencadenar en la adolescencia. Se trata de granos que contienen grasa y queratina y tienen tendencia a dejar cicatriz, no solo por el hecho de toquetearlos, sino porque por su profundidad pueden dejar marcas residuales. Se tratan con medicamentos a base de isotretinoína.

Acné conglobata. Se parece al nódulo quístico, pero su aspecto es todavía más exagerado. Este tipo de acné se produce en brote, tiene un debut muy llamativo y da lugar a lesiones dolorosas. Aunque como el anterior, también se trata con isotretinoína, administrarla al inicio puede producir incluso un empeoramiento, por eso lo ideal es administrar primero antiinflamatorios, con corticoides o con dapsona, para bajar la inflamación. Su causa principal es la predisposición genética, ya que el componente familiar es muy importante en este tipo de acné.

Queloideo. Tiene tendencia a dejar cicatrices hipertróficas que son persistentes. Es una variante que se da mucho en la zona posterior del cuello y la cabeza y se ve mucho más en la raza negra, aunque también puede aparecer en la raza blanca. Sus causas no están definidas, pero básicamente también influyen los genes. Se maneja con antibióticos y retinoides, sobre todo orales y requiere un tratamiento posterior de las cicatrices, por ejemplo de infiltraciones con corticoides o láser.

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