Aprendiendo a relativizar las preocupaciones del día a día, se advierte que la mayoría de ellas ni son tan amenazantes para el estado de salud ni tan catastróficas en el plano personal como a veces uno puede llegar a imaginarse. Aún así, hay determinadas personas que tienden a construir un diálogo interno caracterizado por mensajes negativos, que hacen que la sombra del estrés se alargue sin fin y que se convierta en una carga de la que les resulta imposible librarse. Con todo, acaban por experimentar síntomas físicos y psíquicos molestos y hasta incapacitantes, tales como la tensión muscular o la angustia.

Estrés y educación, muy relacionados

La psicóloga Núria Mateo, con consulta en Barcelona, explica que el comportamiento de las personas que experimentan estrés con frecuencia suele estar marcado por “la educación que han recibido de pequeñas: se les ha enseñado a ser sumisas, responsables, quieren quedar bien con todo el mundo y dar la impresión de ser muy responsables”. El resultado de todo esto es que “no saben decir que no –algo que todo el mundo debe aprender–, se cargan de trabajo y llega un momento en el que se ven superadas en todos los ámbitos de su vida”, sentencia.

Signos de aviso físicos

“La espalda es un termómetro importante para ver si estamos o no estresados. Al experimentar estrés, la musculatura se contrae, lo que genera dolor”, afirma Mateo. Otras respuestas fisiológicas habituales son sudoración excesiva, presión en el pecho, problemas de estómago o insomnio. En el plano emocional, puede desembocar en trastornos de ansiedad o depresión, irritabilidad y fluctuaciones constantes en el estado de ánimo.

Problemas que se magnifican

En la actualidad, el estrés se expande como una epidemia de la que pocos se salvan. Es un signo más del día a día, provocado, no por grandes sucesos, como un duelo o una mudanza, sino por pequeñas adversidades cotidianas, como puede ser el exceso de información, las tareas domésticas o los compromisos sociales innecesarios. A continuación, de la mano de Núria Mateo, te damos herramientas para que puedas surfear algunos de los estresores típicos de hoy día.

1. Whatsapps de trabajo inoportunos

«Si un día pasa algo urgente, me parece normal que tengan que avisarte; pero no estoy para nada de acuerdo en que como norma habitual se envíen mensajes fuera del horario de trabajo. Hay que exponer en el entorno laboral, de la forma más clara posible, que al salir de la oficina tienes que hacer otras actividades y que no puedes garantizar que en ese tiempo estés al caso de las tareas que se te han encomendado».

2. Compañeros de equipo molestos

«La relación con un compañero que se queja siempre y critica a otras personas del equipo o a ti constantemente puede resultar un aprendizaje que te sirva a lo largo de tu carrera profesional. Al mismo tiempo, tienes que hacer ver a esa persona que no quieres entrar en su juego, expresándole que tú sí que te avienes con los demás, y mantener las distancias».

3. Planificación de los menús diarios

«Una buena opción es fijar un día, como el domingo, para preparar algunos platos de la semana. Sin duda, lo mejor es organizar los menús, para tener claro qué alimentos necesitamos, no despilfarrar y evitar viajes innecesarios para hacer la compra. Por otro lado, si se tienen hijos, es mejor no consultarles qué les apetece, sino exponer qué es lo que hay y, como mucho, darles a escoger entre dos opciones, ya que si todo el mundo quiere decidir, la organización se hará más difícil. Si se vive en pareja, hay que repartir siempre las tareas. No se trata de que el otro ‘te ayude’, sino de que las obligaciones domésticas se compartan».

4. Organización de las vacaciones

«Hay que dejar un margen a la improvisación y no ir con un planning detallado al milímetro, sobre todo si se viaja con otras personas. Es necesario ser flexible y tener en cuenta que cualquier cosa puede fallar».

5. Compromisos por obligación

«Los encuentros ‘porque toca’, como puede ser una comida con los suegros, son contraproducentes. En este caso, cuando la situación es recurrente y no te encuentras a gusto, tienes que hablarlo con la pareja. Asimismo, los compromisos, por ejemplo con los amigos, nunca tendrían que ser por obligación.

A veces, después de una semana trabajando duro, lo único que te apetece es tumbarte en el sofá, estar solo e ir a la tuya. Eso sí, no esperes al último momento para desdecirte, hazlo con tiempo. Y claro está, siempre hay que dejar la puerta abierta a verse otro día. No hay que tener miedo a decirle las cosas claras al otro, al contrario, es la mejor manera de evitar mal entendidos».

6. Tiempo libre sin planes

«Hay personas que si no están las 24 h del día activas se estresan y hay que enseñarles que también es necesario parar, mirar dónde uno está y dónde quieres llegar. Acostumbran a sentir un vacío personal, no tienen pareja o no se llevan bien con ella y necesitan cubrir todos los espacios de tiempo libre, porque cuanto más hacen, menos reflexionan».

7. Ruido ambiental

«Está comprobado que, ante un mismo ruido, una persona puede explotar mientras que otra ni lo percibe. Acusar mucho los ruidos ambientales es una de las causas de un estado de estrés prolongado en el tiempo. Aparte de la terapia, para mitigar este y otros síntomas, siempre recomiendo las técnicas de meditación, de relajación y que la persona practique la actividad física que más le guste. Hay que aprender a canalizar la rabia y la tensión, es algo que te ayudará en todos los ámbitos de la vida».