Existen centenares de variedades de cerezas, que pueden dividirse entre ácidas y dulces. Todas ellas contienen antioxidantes como la antocianina, que ayudan a reducir enfermedades cardiovasculares, y la melatonina, que regulan los ciclos de sueño. También son una buena fuente de vitamina A, E y C y beta-caroteno, así como de potasio, magnesio, hierro y fibra.

Aunque sean dulces, las cerezas no contienen más azúcares naturales que las manzanas o las mandarinas. De hecho, aportan pocas calorías: únicamente 48 por 100 gramos. Además, están indicadas para consumir después de entrenamientos físicos e intelectuales, ya que alivian el dolor de tendones y músculos sobrecargados y previenen la pérdida de memoria.

Junto con el plátano, el melón y la uva, las cerezas con las frutas que más potasio contienen. El ácido fólico, por su parte, está especialmente indicado para las mujeres embarazadas, y los antioxidantes mejoran la elasticidad de la piel y evitan el envejecimiento prematuro. Los tallos de cereza, por su parte, son un diurético natural que puede consumirse en infusión.

A la hora de escogerlas, es mejor que sean firmes y de textura suave, de color rojo oscuro o negro. Si queremos guindas, no obstante, es mejor elegir las cerezas rosadas. Se pueden guardar en el frigorífico durante un par de semanas, y también se pueden congelar o conservar en almíbar. En ensaladas, zumos, granizados o macedonias, siempre aportan un toque dulce a los platos.