El invierno es época de reflexión y de autoconocimiento. Si me sigues en Instagram sabrás que adoro inspirarme en las estaciones para orientar mi desarrollo personal y también, cómo no, para escribir y crear contenido.

Las bebidas calientes, las mantas y la tranquilidad se apoderan de nuestros hogares. ¡Por no hablar de los salones que tienen chimenea! La delicia del invierno comienza cuando los árboles empiezan a entrar en letargo, pierden sus últimas hojas y todo permanece en absoluta quietud durante unos meses.

Cada estación tiene algo que decir, algo que enseñar. Todas nos brindan una inspiración distinta y especial, y podríamos aprender mucho de ellas. Quizás no lo hayas pensado, pero las personas actuamos de una forma muy parecida a los árboles de hoja caduca. Necesitamos soltar, reflexionar, abrirnos al mundo y celebrar la vida, ¡así como lo lees! ¡En ciclo!

En mi segundo libro, 365 reflexiones para tu despertar, me dejé inspirar por las estaciones para ordenar todos los pensamientos que había escrito y, por supuesto, puse a disposición del lector la explicación de cada una de las épocas, su actividad y su similitud con las fases de nuestro desarrollo personal.

Son fases que se identifican muy bien en la creación y lanzamiento de proyectos: reflexionas sobre las necesidades que quieres cubrir (invierno), trabajas en tu idea y organizas el lanzamiento (primavera), haces unos últimos ajustes y te enfrentas a los resultados (verano) y, por último, reflexionas sobre todo lo ocurrido y extraes el aprendizaje que la vida tenga para ti (otoño).

¿No crees que sería maravilloso fijarnos en lo que la naturaleza sabe hacer de forma innata para aprender a llevar cada una de las fases de nuestros procesos?

Una de las preguntas que más se han repetido hasta ahora por parte de los lectores de este segundo libro es: qué pasa si el momento personal no coincide con la estación que estamos viviendo.

No solo no es extraño, sino que es totalmente normal que esto ocurra. La muerte de un ser querido puede llegar en cualquier momento, la presentación de un trabajo, una ruptura, un nuevo empleo, ¡todo puede ocurrir en cualquier momento! Y parece evidente que, aunque pueda ser verano y momento de celebración, habrá circunstancias que nos inviten a hacer todo lo contrario.

Cuando esto ocurre, siempre recomiendo observar detenidamente el momento que se está atravesando y tratar de identificarlo con una estación (independientemente de la época del año en que nos encontremos). Y, entonces, cuando sepamos dónde nos encontramos, podremos inspirarnos en la acción de la naturaleza para transitar más pacíficamente ese camino.

Me resulta curioso que no se hable más de esto, ¡para mí fue todo un descubrimiento en su momento!

Pregúntate cómo está siendo tu invierno:

  • ¿Qué te inspira a ti esta época del año?
  • ¿Cómo son tus momentos a solas?
  • ¿Tratas de cuidar la conexión contigo misma?

Mi invierno está siendo muy diferente a los anteriores. Recuerdo que otros años me sumí en una profunda reflexión que se extendió hasta bien avanzado abril. Sin embargo, este año siento la conexión, sí, pero noto aires de primavera.

Me siento entregada al aprendizaje y a la preparación de 2019, tanto a nivel personal como profesional. Supongo que la suma de estar embarazada, cursando un máster y trabajar a la vez, me empuja a mirar más al futuro que al presente y, por eso, a veces tengo que echar el freno manual y conscientemente y permitirme disfrutar del aquí y ahora, ¡por mucho que el futuro prometa ser una aventura!

En la parte más invernal de mi momento encuentro un trabajo intenso de aceptación y confianza, para enfrentarme a mis miedos y atravesarlos de la forma más tranquila y pacífica posible. ¿Y quieres que te de un dato genial? Si tú también te estás enfrentando a tus miedos, recuérdate cada día que, pase lo que pase, estás contigo, te quieres, te respetas y no te abandonarás.

Es un estupendo trabajo para el invierno el recordarnos que nos acompañamos y nos ofreceremos lo que necesitemos en cada momento. Que, del mismo modo que nos abrigamos cuando hace frío, nos abrazaremos cuando necesitemos el calor de nuestros propios brazos, nos comprenderemos y nos trataremos con compasión. No me digas que no hace falta más de esto y menos autoexigencia.

Por cierto, esto de la autoexigencia también es un tema que he tocado en el libro, no sé cuántos pensamientos habrá sobre ello, pero sí sé que es un tema en el que reflexiono a menudo. No me detendré en ello aquí, aunque convenía apuntarlo para que podamos analizar nuestra relación con este concepto.

El invierno es así, pura inspiración para el análisis y la observación. Y no quiero terminar esta pequeña reflexión sin invitarte a que te detengas por un segundo y pienses en tu situación personal.

  • ¿Cómo te encuentras este invierno?
  • ¿Cómo lo estás viviendo?
  • ¿Quieres invertir el tiempo en algo concreto?
  • ¿Qué te gustaría trabajar?

Recuerda siempre que la utilidad de tus pasos depende de la calidad de tu observación, ¡así que aprovecha esta época y ríndete al autoconocimiento a través de la reflexión!