1. Pararse y alejarse: Estar estresados o metidos en un círculo de actividad constante nos impide pensar en lo que realmente queremos. Hacer yoga, andar en soledad o meditar son formas de encontrar la calma necesaria para que ningún ruido suene más fuerte que nuestra voz interior.

2. Recordar quienes somos: Nuestra vocación nos manda más mensajes de los que creemos. Recordar qué nos hacía felices durante la infancia, pensar en nuestras aficiones y analizar con qué fantaseamos nos ayudará a saber qué nos gusta hacer.

3. Visualizar lo que queremos: Una vez sabemos qué nos gusta, el siguiente paso para descubrir nuestra vocación es transformarlo en un trabajo concreto. Es útil hacer listas de nuestras habilidades y escribir deseos a cinco años vista. Verlo expuesto en papel hará que empecemos a creer en ello y a urdir un plan.

4. Disfrutar y ser creativos: La particularidad de la vocación o la pasión es que no se siente como una obligación, sino como algo que fluye de forma natural. Podemos probar a hacer algo divertido relacionado con nuestra vocación recién descubierta.

5. Salir de la zona de confort: Una vez descubrimos cuál es nuestra pasión, hay que romper la rutina y llevarla a cabo. Como esto no es fácil, podemos entrenarnos en el riesgo probando cosas nuevas como viajar más, hacer un voluntariado o apuntarnos a un curso. Conocer gente que comparta nuestra pasión es esencial.