¿Te cuesta relacionarte con la gente? ¿Se te hace un mundo expresar tus sentimientos y opiniones? ¿Das demasiada importancia al parecer de los demás? ¿Pasas desapercibido en las reuniones sociales? Si la mayoría de tus respuestas son afirmativas seguramente la timidez sea tu compañera de viaje. Acompáñanos en este camino hacia el bienestar emocional y descubrirás cómo aceptarte y vencer la timidez para convertirla en una emoción adaptativa pero no limitante.

Lo primero que tenemos que entender es que timidez e introversión no son lo mismo. La introversión parte del hecho de que la persona se decanta por actividades más solitarias porque las prefiere a aquellas que se realizan en compañía, pero no temen los encuentros sociales. En cambio, la timidez hace que la persona desee un mayor contacto social pero el miedo irracional que le invade ante la posibilidad de ser juzgada o rechazada le acaba provocando sensaciones de ansiedad y frustración.

¿Qué es la timidez?

Es un estado de ánimo que afecta a las relaciones personales cuya característica principal radica en la sensación de inseguridad o vergüenza ante situaciones sociales nuevas que una persona siente y que le impide o dificulta entablar conversaciones y relacionarse con los demás. En sí misma no constituye una enfermedad ya que se considera una pauta de comportamiento que limita el desarrollo social de quienes la experimentan dentro de su vida cotidiana. Ahora bien, si no se controla o modera sí puede acabar derivando en trastornos de la ansiedad como el trastorno de ansiedad social tipificado en el DSM-V (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales).

 

¿Qué podemos hacer ante esta situación emocional?

 

1. Comprender qué motivos son los que han desencadenado nuestra timidez

  • ¿Cuál es su origen? ¿Qué factores la determinan?

Los orígenes pueden ser muchos, la mayoría de ellos sustentados por un concepto de uno mismo un tanto debilitado, por lo que nos encontramos con una autoestima baja que da paso a la preocupación por la imagen que damos ante los demás, el no sentirse merecedor/a de ciertos elogios, etc. Debes averiguar cuál es el tuyo para poder empezar a abordarlo desde la raíz.

Una vez claro el origen, debemos poner atención a los factores que desencadenaron tal timidez. Trata de precisar aquellos momentos en los que sientes que dicha emoción empieza a hacer acto de presencia: estar rodeado/a de personas conocidas, sentir cuando estás en un grupo social que no tienes nada que aportar, percibir que alguien te está mirando y agachar la cabeza, etc.

  • Aceptación

Lo vamos a ver más claro con un ejemplo. Si te decimos “No pienses en un elefante rosa”, “No pienses en un elefante rosa”, Por favor, no pienses en un elefante rosa”. ¿En qué estás pensando? En el elefante rosa, ¿verdad? La explicación de este fenómeno la encontramos en la Teoría de los procesos irónicos (Wegner, 1994).  

Cuando la mente quiere “NO pensar” en algo, bien sea porque le hace sentir mal o porque no lo quiere hacer consciente, ésta hace todo lo contrario, ¿Por qué? El cerebro está acostumbrado a optimizar sus recursos, por lo que primero pondrá atención en el núcleo del pensamiento “pensar en un elefante rosa” para después poder negarlo. Es un mecanismo automático. Por tanto, frases como “No quiero ser tímido”, “No te sientas ansioso”, “No pasa nada”, etc. más que ayudar a la persona a relajarse produce en ella el efecto totalmente contrario, poniendo más atención en el problema. Así que, empieza a decirte “Soy tímido/a y lo acepto” y ayudarás a tu mente a superar esas partes de la timidez que deseas cambiar.

  • Enumeración de las situaciones ansiosas provocadas por la timidez

Para poder empezar a trabajar la timidez tendremos que evaluar todas aquellas áreas donde sentimos que nos afecta. Hacer una lista de todas estas situaciones nos ayudará a poder ir abordándolas una a una de manera progresiva hasta conseguir vencerla, como veremos a continuación.

 

2. Aprender cómo hacer de nuestra mente una aliada ante la timidez

  • Utiliza la timidez como una señal de alerta y no como una limitación

Saber identificar que esta emoción nos está queriendo decir algo respecto a la situación social en la que nos encontramos es una buena manera de enfrentar el problema directamente a nivel conductual: exponiéndonos a él, comunicándonos abiertamente, no reprimiendo, etc. En la acción está la solución.

  • Visualízate exitoso/a ante la situación ansiosa

Cierra los ojos y visualízate en una situación en la que normalmente sientes timidez. ¿La tienes? Ahora trata de imaginarte en la misma situación con plena confianza en ti mismo/a. ¿Notas cómo la emoción cambia? Si te acostumbras a ayudarte de este tipo de técnicas la mente interiorizará que no hay nada que temer y con tan solo cerrar los ojos e imaginar una situación satisfactoria la timidez se irá diluyendo.

  • Comunícate asertivamente

Di lo que piensas y sientes sin conductas sumisas ni agresivas. El equilibrio emocional se encuentra de la mano de la no represión, por tanto empieza a comunicar lo que te sucede, da igual que al principio te sientas incómodo/a, verás que conforme dejes de esconderte tu timidez tendrá mucho menos poder sobre ti.

Aprende a decir no sin sentirte culpable, si algo no te gusta, como por ejemplo que te etiqueten de tímido/a como si eso fuese algo despreciativo, házselo saber a la persona que te ha colocado tal etiqueta, de este modo le restarás importancia a la opinión de los demás y ganarás en confianza en ti mismo/a.

  • Deja de compararte con los demás

Cada cual libra sus propias batallas, lo importante es poner la atención en la tuya ya que es la única sobre la que podrás conseguir una victoria si te lo propones.

 

3. Adentrarnos en las situaciones sociales

  • Evalúa las situaciones sociales donde la timidez te desborda

Antes hemos hablado de hacer una lista, pues bien, ahora es momento de pasar a la acción a través de la técnica de la Desensibilización progresiva que consiste en una exposición gradual al miedo.

Pongamos que enumeras 10 cosas, una vez las tienes escritas ordénalas de menor a mayor intensidad en cuanto a timidez. ¿Lo tienes? De lo que se trata es de ir enfrentando uno a uno los ítems mencionados. Cogemos el primero y nos exponemos a él hasta que la mente entienda que no hay nada que temer, tantas veces como sean necesarias. Una vez lo hemos conseguido pasamos al segundo y así progresivamente hasta terminar la lista.

  • Ayúdate de la posición corporal

Probemos un ejercicio, ¿te parece? Ponte de pie con los ojos cerrados y con la cabeza mirando al suelo. En esta posición visualiza a través del pensamiento una situación que te haya producido timidez. Dedícate un tiempo a focalizar qué sucedía en esa situación, cómo te hacía sentir. Presta atención a las sensaciones que experimentas, por lo general la respiración se acelera o entrecorta, y un malestar te invade, te sientes como incómodo/a.

Ahora, siguiendo con los ojos cerrados, mira hacia el techo con la cabeza totalmente para arriba y el torso recto. ¿Qué ha sucedido? Seguramente esa sensación de malestar se haya disipado, ¿verdad? Fíjate qué fácil es corregir un malestar con simplemente un cambio de postura corporal.

Está demostrado que una buena postura (cabeza en alto, hombros hacia arriba y brazos abiertos) nos hace sentir confiados y reduce el estrés.

 

Recuerda:

  • Todos somos tímidos en cierta manera, ya que no tenemos un control emocional absoluto sobre las diferentes situaciones sociales que la vida nos pueda presentar. La diferencia estará en el grado de timidez. Siempre podrás aumentar tu confianza si te lo propones.
     
  • Tratar de eliminar el “no” ante la alerta de “peligro”. Hay que decir “sí” pese a que te resulte difícil al principio ya que la libertad se encuentra al otro lado del miedo. A medida que tomas consciencia de que haces más cosas de las que creías poder hacer comenzarás a sentirte mejor contigo mismo/a y te servirá de motor de cambio para seguir enfrentando nuevos desafíos sociales.
     
  • La timidez y la valentía comparten la misma química, la adrenalina. La clave estará en la interpretación que haces de la situación. Si te concentras en los aspectos positivos que te aporta la situación social a la que te estás enfrentando favorecerás que la emoción que te invada sea mucho más satisfactoria.
     
  • Visualizarte superando una situación social adversa ayuda a tu mente a interpretar la misma como algo a lo que no hay que temer. El canal visual es uno de los que mayor información nos aporta, por lo que utilizarlo a nuestro favor lo acaba convirtiendo en un gran aliado.
     
  • La timidez es una emoción, no es un rasgo de personalidad permanente. Tienes el poder de cambiarla a través del sistema de creencias sobre el que sustentas el pensamiento y la posterior acción.

Si pese a todo esto sigues sin encontrarte bien, no temas en buscar ayuda profesional y aceptar que puedes tener un problema, en caso de que tu timidez se considere extrema, ya que se te puede ayudar a combatir posibles trastornos como la fobia social que quizás no estás teniendo en cuenta.