Pronunciar un simple monosílabo, con ganas y determinación, tiene un efecto liberador y refuerza la confianza en uno mismo. Sin embargo, por compromiso o por querer complacer a los demás, decir no puede convertirse en un foco de angustia. Es por ello que a menudo se aceptan propuestas laborales o personales que van en contra del ejercicio de la propia voluntad.

Podrás desilusionar y no agradar a todo el mundo: son dos consecuencias de aprender a decir no. Incluso puede que pierdas ofertas de trabajo o relaciones sentimentales. Pero dejar atrás el miedo a negarse a hacer algo que te pide el otro y que no anhelas es un acto de coherencia, con el que antepones tus necesidades personales, haciéndote dueña de tu tiempo y de tus objetivos.

El peso de la angustia y la educación

Antonio Mundo, psicólogo clínico en el Centro de Psicología Alarcón (Granada), explica que los patrones de personalidad que tienen dificultades para decir no suelen ser aquellos «con rasgos evitativos, con mayor tendencia a la sumisión –ante personas cercanas a las que consideran psicológicamente más fuertes–» y también detalla que acostumbran a «sobrevalorar las consecuencias negativas que puede tener el establecimiento de límites. Son sujetos que, por otro lado, están muy sensibilizados ante el juicio de los demás». Todos ellas, características habituales en las personas que sufren de ansiedad.

La educación recibida y el peso cultural también influyen en la incapacidad de establecer límites:  «La defensa de nuestros propios derechos y necesidades ha estado vista durante mucho tiempo como un ejercicio de egoísmo, y cada vez está más probado que comportarse de forma asertiva redunda positivamente en nuestros índices de salud emocional», sentencia Mundo.

Darse la opción a responder negativamente

Existen cantidad de situaciones sociales y compromisos laborales ante los que podemos negarnos. «Esto, a efectos psicológicos, no tiene por qué dar problemas. Lo negativo estriba en normalizar el decira todo. Las alteraciones psicológicas vienen al normalizar esa disposición y casi convertirla en un modo de vida», apunta Mundo. El psicólogo nos da consejos para entender que la opción de negarnos es una posibilidad y nos ayuda a ponerla en práctica.
 

Aprender a decir no
 

Sopesar los pros y los contras

Para saber si estamos haciendo lo correcto al decir no, podemos valorar si un compromiso personal o laboral aporta más pérdidas que ganancias. Para ello, siempre es bueno anticipar las consecuencias que hipotetizamos pueden darse tanto en un caso como en otro.

Darse tiempo para responder

Solicitar al interlocutor un tiempo para reflexionar sobre lo que se me plantea. ¿Por qué tenemos que responder de forma rápida? Es posible que sea conveniente tener un margen de tiempo para pensar respecto a la decisión más razonable.

Ver la culpa como un sentimiento innecesario

Hay que evitar, en la medida de lo posible, el sentimiento de culpa. Para ello, haz un ejercicio de honestidad contigo misma, con tus prioridades, necesidades y limitaciones. Cuando alguien emite una pregunta no tiene por qué haber una respuesta afirmativa. Date la opción a responder negativamente.

Practicar la asertividad

Utiliza una comunicación verbal apropiada, hablando desde tus sentimientos y aceptando que el interlocutor tiene derecho a ver las cosas desde otro punto de vista diferente al tuyo, pero eso no tiene por qué ser motivo para congraciarte todo el tiempo con los demás.

Aporta otra opción

Propón una solución alternativa: quizás no puedes quedar con una persona un día concreto, pero puedes proponerle verla en otro momento que os pueda venir bien a ambas partes.

Lo primero, tú misma

La clave de todas estas recomendaciones sería partir de esta base: si no nos damos prioridad a nosotros mismos, es difícil que los demás nos la ofrezcan.