Son signos de aprobación externa que alimentan tu valía personal: sentirte admirada en el trabajo, reconocida en un círculo social o querida por tu pareja. Sin embargo, levantar la autoestima y sostenerla alta en el tiempo implica conocerse a fondo a una misma, mucho más allá de dar importancia a las valoraciones ajenas.

Construir una autoimagen –el cómo te ves a ti misma– a merced de la opinión de los demás es un nido de insatisfacción, porque cuando siempre necesitas un juicio positivo por parte del que tienes enfrente, te olvidas de escuchar el de la que deberías considerar la persona más importante de tu vida, que no es otra que tú misma.

Los comportamientos, actitudes y pensamientos que tienes a diario pueden darte mucha información sobre tu autoconcepto, es decir, sobre qué percepción has formado de tu persona. Cuando te comparas poco con los demás, te deshaces del perfeccionismo e intentas relativizar cualquier situación, la relación contigo misma mejora, aumenta la autoestima y, en consecuencia, también se transforman –casi seguro que para bien– la mayoría de aspectos de la vida.

Actitudes que llevan a una baja autoestima

El autoconcepto se puede mejorar dejando de lado ciertas conductas y mitigando pensamientos dañinos que ponen trabas a tu bienestar. Aparte de ser constante en determinados hábitos, como seguir una alimentación saludable y practicar ejercicio, despedirte de los errores que desgranamos a continuación te ayudará a quererte más y mejor.

Criticar a los demás. Juzgar de forma negativa a otras personas te da pistas acerca de cómo te encuentras contigo misma. Cuando tienes la necesidad de criticar a una amiga o a un familiar de forma recurrente, cuéstionate por qué lo haces.

Lo más probable es que si tienes un buen autoconcepto no sientas la necesidad de emitir críticas destructivas. Por otro lado, los juicios negativos pueden actuar como un reflejo de aquello que te molesta de ti misma: por ejemplo, si te quejas de la negatividad de un amigo, fíjate en si es una característica que reconoces también en ti.

Evitar situaciones. Dejar de actuar por miedo al fracaso, al qué dirán o por síntomas de ansiedad es una señal de que necesitas reforzar tu autoestima. La evitación y el miedo te niegan oportunidades, como conocer a otras personas o prosperar en el ámbito profesional. En la medida de lo posible, tienes que intentar enfrentarte a las situaciones que te asustan e impedir que el miedo no dirija tu vida. Y en la mayoría de casos, verás que atravesarlas no es tan grave como lo imaginabas.

No pedir ayuda. Cuando tienes una baja autoestima tiendes a responsabilizarte de todos los errores y problemas y a no compartirlos con tu entorno personal. Comunicar tus preocupaciones a las personas de tu confianza, aparte de reconfortarte, puede fortalecer tu relación con los que te importan.

Alimentar las preocupaciones. Dar una vuelta tras otra a los pensamientos negativos, sobre todo a los relacionados con una misma, es un rasgo de las personas inseguras y con baja autoestima. Puedes frenar ese torrente de ideas dañinas adoptando hábitos como la meditación u otras actividades que te ayudarán a desconectar.

No planificar el tiempo. Aparte de mejorar lo que piensas sobre ti misma, necesitas cumplir objetivos personales para sentir más bienestar. La pereza y la desorganización te pueden llevar a procrastinar. Por eso, lo mejor es que sigas unas rutinas, te marques metas asumibles y actúes para elevar tu grado de satisfacción.

No darse ningún capricho. Trabajas duro de lunes a viernes –y eso si te libras el fin de semana–, cuidas de tu familia y aún sacas tiempo para mantenerte en forma. Lo mínimo es que te felicites por los esfuerzos que haces a diario y te recompenses por ello.

Así que olvida ese pensamiento de que comprarte esos pantalones que necesitas para el cambio de armario o regalate una sesión de masaje no es un derroche, sino premios que te has ganado a conciencia.

Desconocer las causas. Para superar la baja autoestima, un peldaño infranqueable que hay que superar es buscar dónde está su origen. Te ayudará, como ejercicio mental, detectar aquellos momentos en los que te criticas a ti misma, ver qué te disgusta y darte cuenta de cómo el diálogo interno influye mucho en la relación que estableces con los demás y en tu propia felicidad.