Junto con la llegada del yoga, se instaló también la meditación. Mucha información recorre por redes sociales, revistas, periódicos y blogs acerca de la meditación y sus beneficios. Muchos de nosotros hablamos constantemente del mindfulness, una forma de meditación, y de cómo practicarlo, en qué momento hacerlo y qué lograremos si lo convertimos en rutina.

Lamentablemente, la mayoría de las veces se nos olvida poner en antecedentes al lector y pasamos directamente a la información más solicitada: cómo combatir el estrés, en qué actividades puedo aplicarlo, formas de integrarlo o si realmente cambia la vida, entre otros.

Tras algunos artículos sobre el tema, respondiendo a las preguntas más comunes, finalmente he observado que hay una que, lamentablemente, suele quedar sin respuesta: ¿pero cómo? Y precisamente para dar respuesta a esas cuestiones de base, me he sentado hoy aquí para contarte qué es meditar, qué actitudes requiere y veremos algunas ideas para traer a nosotros la atención plena y emplearla con fines meditativos.

 

¿Qué es meditar?

Hace poco mi maestra de yoga utilizó una metáfora que me encanta y que yo misma empleo en muchas ocasiones, se trata de relacionar la meditación con el dormir. El dormir no es algo tú puedas hacer a voluntad, así ocurre con la meditación; tú puedes sentarte a concentrar tu atención en algo y entrenar tu mente para la calma que te lleve al estado meditativo, pero realmente no puedes sentarte a meditar.

Cuando nos acostamos a dormir llevamos a cabo acciones que nos ayuden a conciliar el sueño, pero no depende de nosotros que el sueño aparezca. Nos tumbamos, nos arropamos, nos relajamos e, incluso, hay quién lee hasta que sus parpados decaen; cuando hemos logrado la relajación absoluta, el sueño aparece y nosotros solo tenemos que rendirnos a él.

Así las cosas, comprobamos que cuando decimos «medito todos los días», realmente deberíamos decir «me siento todos los días a ver si medito» ¡o algo así!

Ahora ya puedes corregir a la sabelotodo de la oficina. ¡Es broma! Tú a lo tuyo, inmiscuirse en la vida de los demás solo nos resta energía.

 

Concentrar y contemplar

Quédate con esos verbos. Cuando leas alguno de mis textos o escuches a alguien hablar de la acción de meditar, recuerda que, muy probablemente, en realidad está concentrándose en algo o contemplando algo.

Contemplar algo de forma concentrada es lo que llamamos atención plena. Sí, exactamente. Cuando en Slow Life hablo de la atención que podemos prestarle a la cafetera mientras se está preparando nuestro café, me estoy refiriendo exactamente a contemplarla y a concentrarnos en todos los estímulos que nos brinde: calor, olor, sonidos, etc. Esto no te llevará al estado meditativo, pero sin duda será mucho más positivo para tu mente, que devorar Instagram en esos minutos.

Recuerda que el mindfulness implica poner toda nuestra atención a aquello que está sucediendo en el momento presente, tanto dentro como fuera de nosotras. Aplicar mindfulness con la pareja, por ejemplo, implicará concentrarse en las sensaciones que nos trae la compañía, el tacto en los besos y los abrazos, el olor de nuestra pareja, la conversación que tienes en ese momento, etc. Ello implica salir de tu mente y utilizar su poder de concentración para vivir tu presente con atención plena.

¿Y qué pasa si estoy discutiendo con mi pareja? ¡Pues lo mismo! La resolución de un conflicto requiere de comprensión y compasión, en el marco de la negociación que esté teniendo lugar. La única forma de atraer esa comprensión en un estado de alteración por el enfado, es llevar nuestra mente al presente y, tal como sugiere el mindfulness, dejar los pensamientos (opiniones y juicios) a un lado y concentrarnos exactamente en lo que está ocurriendo. Si mi marido me está explicando por qué se ha enfadado y, mientras tanto, yo estoy dando rienda suelta a mi indignación, pensando en cómo voy a contestarle y recordando trapos sucios para sacarlos a relucir, ni estoy escuchando su problema, ni estoy dándome oportunidad de vivirlo objetivamente. Ahí es donde está el poder de la escucha (concentrar y contemplar), en que podemos observar sin juzgar y responder sin haberle puesto picante a la anécdota.

 

como ponerse a meditar 2

 

Propuestas para entrenar la concentración

1. Contemplación

Elige el objeto a contemplar en función de tu intuición y sensaciones en ese momento. Si no sabes cómo utilizar tu intuición, aquí tienes un pequeño tip: no razones, solo actúa.

Puedes elegir una vela, muy utilizada en yoga; una taza de té o café, un paisaje, el tráfico, tu televisión apagada, etc. Realmente puedes contemplar cualquier cosa, así que no te preocupes demasiado por ello.

Siéntate en una postura cómoda y estable, que puedas mantener sin mucho esfuerzo. Olvida aquello de cruzar las piernas y juntar el índice y el pulgar, puedes hacerlo si quieres, pero ahora mismo no lo necesitas. Te propongo colocar tus manos de forma relajada sobre tu regazo y olvidarte por completo de ellas. Asegúrate de saber qué vas a contemplar y, simplemente, ¡contempla!

No pienses ni razones, ni emitas juicios. Si algún pensamiento aparece, déjalo marchar; solo hemos de contemplar los colores, las formas, la energía o el movimiento, sin ponerle nombres, sin ponerle adjetivos y sin esperar nada a cambio.

Por ejemplo, si eliges contemplar tu taza de té, y la tienes en las manos, trata de evocar la idea de que la taza es el centro de la estancia y obsérvala. Date cuenta como ella simplemente está ahí en una relajación y tranquilidad absoluta. Observa el vapor que desprende, si el té todavía está caliente; atiende al calor que reciben tus manos y trata de percibir su olor. Enfoca de nuevo y observa el reflejo en su superficie, ¿qué ves? ¿Te ves a ti, al techo o a la lámpara? Concéntrate en la taza y permite que pase el tiempo. No te vayas con tus pensamientos, quédate contigo ahí y con tu taza.

 

2. Respiración consciente

Aquí te voy a pedir algo más de disciplina. Siéntate en un lugar con los ojos cerrados, si estás en el suelo trata de olvidarte de la postura del loto, ese es solo tu Ego pidiéndote llegar a una postura concreta. Siéntate con las piernas cruzadas o, si estás en una silla, sepárate del respaldo y mantén la espalda recta. De nuevo te voy a pedir que te olvides de las manos.

Comienza a simplemente estar en esa posición durante un par de minutos y ve llevando tu atención a la respiración. No es necesario que la alargues o lo hagas más profundamente, solo obsérvala de forma consciente, concéntrate en ella.

Escúchala, siéntela en los agujeros de tu nariz, observa como tu abdomen y tu pecho se mueven. Quédate en ella. La respiración es alimento, un alimento imprescindible para nosotros y la tenemos disponible siempre, ¿no es maravilloso? ¡Es gratis! ¡Qué poco valoramos algo tan increíble como el poder respirar!

Tómate unos minutos para vivir tu respiración de una manera consciente y observa la magia.

 

3. Actividades para la atención plena

En realidad puedes llevar a cabo cualquier actividad con atención plena, de hecho, ¡todos deberíamos hacerlo siempre! La ducha, el trabajo, ver una película o una serie, regar las plantas, planchar, doblar la ropa, fregar, tender, leer, estudiar… Todo cuanto tengas que hacer en tus días, puedes hacerlo con atención plena. Sin embargo, hay algunas actividades de ocio que son perfectas para ello.

Colorear y tejer, por ejemplo, son actividades que han repuntado por sus beneficios para la salud física y mental, ¡pero no solo eso! Algunas de las mujeres que tejen, lo hacen con la idea de conectar con sus antepasados, con las mujeres que tejieron en su familia, y lo hacen para nutrir y conectar con su espiritualidad.

Hay otras actividades que también pueden hacerse con atención plena, como caminar, practicar yoga, pilates o escalada indoor, pero yo siempre recomiendo colorear porque es una tarea para la que no vamos a poner excusas.

Resulta fundamental que tengas en cuenta tres aspectos:

  • Dedícate tiempo. Es bueno para ti y para las personas que te rodean, el tiempo que te tomes para tu relajación te beneficiará a nivel de salud física y mental, te ayudará con el descanso y resultará un increíble entrenamiento para tu atención.
  • Ritualiza la actividad. Eso quiere decir que si vas a hacer algo por hacerlo, ni traerás tu atención hacia ti, ¡ni tiene sentido alguno que pierdas tu tiempo! Elige bien el lugar, acompáñate de una infusión, pon una música que te relaje, enciende tus velas, ¡lo que quieras!
  • Conecta contigo y con la actividad. Ten presente que lo que estás haciendo lo estás haciendo por ti, permítete zambullirte en la tarea, ¡como si desaparecieras! La concentración te abstraerá del exterior, ¡será magnífico!

Una vez que estés en plena actividad solo tendrás que recordar las palabras concentrar y contemplar, sea cual sea el tipo de meditación (recuerda que esto es solo una forma de hablar) que elijas recuerda que todo lo que tienes que hacer es concentrarte, ¡nada más!

Tu concentración es un magnífico poder del que puedes hacer uso para relajarte, para ser más eficaz en tus labores, para mejorar el entendimiento con tu familia o amigos, etc. Sentarte a meditar no es más que entrenar tu capacidad de concentración, aprovecha que ahora sabes cómo hacerlo y lánzate a ello.