Después de calentar, empieza a correr al ritmo que te hayas propuesto, y sincroniza tu respiración con los pasos: inspira durante dos pasos seguidos y espira en los siguientes. Lo ideal es inspirar por la nariz, pero si eres principiante, de momento puedes ayudarte con la boca.
Cuando domines esto, puedes acelerar el ritmo e inspirar en tres zancadas y espirar en las tres siguientes. Ve comparando las sensaciones y comprueba cómo te sientes más cómodo.
Cuando te has familiarizado con el ritmo, prueba a subir una cuesta. Seguramente tus zancadas se ralentizarán, y lo mismo debes hacer con la respiración: inspira y espira de forma más profunda.
Luego baja la cuesta: darás zancadas más rápidas, y podrás inspirar en cuatro zancadas y espirar en las cuatro siguientes.
Trata de no desconectar de la respiración y respira con el diafragma, es decir, lleva el aire hasta el abdomen, aunque al principio te cueste.

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Aprende cómo relajarte con la respiración