Para los expertos del denominado mindfulness (la capacidad de la mente de estar 'presente' y concentrada), existe una gran diferencia a la hora de afrontar nuestra propia existencia: el ritmo. Trepidante y estresante para la mayoría de ciudadanos de los países desarrollados, y relajada y presente para aquellos que han decidido cambiar de actitud. Y es que un paso vital clave es darse cuenta de que la vida es mejor cuando se aprecia poco a poco y a pequeñas dosis. Es necesario obtener el máximo provecho de cada momento. Es mejor leer un libro tomándose el tiempo necesario y perdiéndose en él. Es mejor escuchar una canción relajadamente concentrándose en los sonidos. Es mejor comer lentamente degustando cada bocado y apreciando todo su sabor?

Por eso es recomendable mejorar nuestra forma de pensar si durante demasiado tiempo hemos estado atrapados en una mentalidad constantemente exigente y apresurada. Se trata de un cambio de actitud sencillo a la vez que consistente: reconocer que la vida es mucho mejor cuando se saborea cada momento con tranquilidad. También sucede en el trabajo ya que resulta más eficiente focalizar nuestra atención en un solo proyecto en lugar de intentar hacer diez cosas a la vez.

En este sentido, debemos asumir que somos responsables de nuestra vida y, por ello, tomar sus riendas. Si el trabajo nos impide llevar una vida más relajada, debemos intentar solucionarlo con el jefe y hacer los cambios necesarios programando menos reuniones, por ejemplo. Además, apagar los dispositivos y sus notificaciones de vez en cuando para desconectar y aprender a estar a gusto sentado leyendo sin pensar en nada más son algunas de las acciones que resultarán beneficiosas para conseguir un ritmo de vida más relajado.