La falta de confianza en nosotros mismos puede responder a cualquier tipo de circunstancia, desde unos padres muy exigentes hasta haber cosechado algunos fracasos en áreas de nuestra vida que para nosotros son importantes; sin embargo, hay un mal muy extendido hoy en día y que muy probablemente se debe a la propia sociedad viciada en la que vivimos, y es la creencia común de que no debemos confiar en nada ni nadie a menos que se nos demuestre lo contrario.

Desde muy pequeños, y a causa de la necesidad de nuestros padres de brindarnos la mejor protección, comenzamos a recibir mensajes en el sentido de no fiarnos ni de nuestra sombra y, si a eso lo sumamos nuestra natural auto exigencia y perfeccionismo, lo normal es que la autoconfianza termine siendo casi inexistente en la adultez.

Y, además de esta interpretación que hacemos de la confianza, debemos sumar el abanico tan amplio de creencias limitantes que tenemos y que, al contrario de lo que solemos pensar, no son comentarios que hacemos porque somos modestas, son auténticos muros que entorpecen nuestro crecimiento y desarrollo personal, profesional y espiritual.

 

Las creencias limitantes

Estas creencias se sostienen gracias a nuestros miedos, inseguridades y culpas, y son causa y consecuencia de la interpretación que hacemos de la realidad en la que nos vemos inmersos. Te explico cómo pueden ser causa y consecuencia a la vez con un ejemplo:

  1. A causa de tu inseguridad no intentas nuevos proyectos o no propones ascensos o aumentos de sueldo.
  2. Como no lo intentas, no lo consigues.
  3. Como consecuencia de no conseguir nada nuevo tienes la sensación de no avanzar y tu inseguridad crece.

Este círculo comienza cuando somos muy pequeños y gira sin parar durante toda nuestra adolescencia y madurez, siendo que la única forma de detenerlo es notar su existencia, gestionar esos muros y aprender a soltarlos.
 

Soltar viejas creencias nos ayuda a traspasar los muros de inseguridad.


Hay un aspecto importante de nosotros que se ve muy afectado por este tipo de creencias y es todo aquello relacionado con nuestro sexo o género. Comentarios como «los niños no lloran», «no llores que pareces una niña», «las niñas no se sientan así», «todos los hombres son iguales» y un larguísimo etcétera, condicionan de una forma inimaginable nuestra forma de ser, de comportarnos con los demás, de actuar y, lo que es peor, de tratarnos a nosotros mismos. Las mujeres sufrimos especialmente este tipo de comentarios sobre qué físico debemos tener o cómo debemos actuar, pero ¿por qué crees que los hombres no expresan sus sentimientos? ¡No creerás que no los tienen! No, ellos son educados para que no lloren porque llorar en ellos está mal y, además, les estamos enseñando que las niñas son más débiles porque ellas sí lloran. ¡Un desastre!

 

¿Cómo trabajar tu autoconfianza?

Pues bien, el primer paso para ganar autoconfianza es darnos cuenta de que eso que nos impide avanzar no es otra cosa que nuestra opinión de nosotras mismas y la falta de fe que tenemos depositada en nuestras capacidades. Y dicho esto, aquí van unos tips para nutrir tu autoconfianza y comenzar a revertir el círculo vicioso que te he explicado antes:

 

1. Advierte las cosas buenas que tienes o que te ocurren cada día

Somos educadas para exigirnos cada día más, por eso si conseguimos algo bueno somos incapaces de premiarnos, o de reconocer nuestro éxito, porque podríamos haber hecho o haber logrado más. ¡Así nunca vamos a estar felices con nuestros logros!

Aprende a tratarte de manera objetiva en ese sentido y ¡olvida la modestia! Reconoce tu esfuerzo diario y prémiate cuando te apetezca, así como lo harías con una amiga o con tus propios hijos. Si coloreas un mandala, aprovecha la ocasión para decirte lo bonito que te ha quedado. Dirígete palabras bonitas cuando hagas bien tu trabajo o te salga fenomenal la comida y, por favor, ¡aprende a aceptar cumplidos!

 

«Un simple gracias te deja con mejor sabor de boca que un no es para tanto.»

 

2. Toma la lección y suelta las cosas malas

¡Ojala le diéramos a las cosas buenas la mitad de importancia que le damos a las malas! Tendemos a quedarnos enredadas en la culpa por haber fallado hasta el punto de que, incluso años después, un fracaso puede continuar lastrándonos sin que nos demos cuenta.

Debemos conocernos a nosotras mismas y saber cómo interiorizar las lecciones de la vida, cómo extraer sus enseñanzas y aprender a soltar lo que no nos sirve. Todo ese peso que llevas sobre tus hombros no es más que el pasado que ya no es y ya no está contigo, así que ya de poco te sirve.
 

Como mejorar autoconfianza
 

3. Analiza y modera objetivos y expectativas

Otro error que solemos cometer y que mina poco a poco nuestra autoconfianza es dejarnos llegar por el fulgor del momento y establecer unos objetivos difíciles y hasta improbables de alcanzar. Por mucho que la dieta de la revista tal te prometa perder 5 kg en un mes, habrás de saber si realmente te sobran 5 kg, si necesitas quitártelos de encima y si estás a disposición de seguir el plan de alimentación a raja tabla, porque si te apresuras a fijarte ese objetivo sin pensarlo bien previamente, estarás abriendo la puerta de forma gratuita a una terrible, pero evitable, frustración.

Trata de ser realista. ¡Hazte ilusiones si quieres! Pero con cabeza. Las expectativas están muy bien si se configuran con la plena consciencia de que se puede fallar y de que, si se falla, no pasa nada. Si no vas a actuar de manera responsable en este punto, mejor no actúes.

 

4. Observa y gestiona tus creencias limitantes

Debes reconocer cuando está hablando una creencia limitante y no tú misma. Esa voz que te dice que ese deporte no es para ti, que te invita a desistir de tus proyectos o te convence de que nunca vas a ser guapa, es la voz de esas creencias que han sido sembradas en tu interior y que tú debes podar ya mismo.

Advierte cuando está hablando esa voz y no tú, porque sólo así podrás ignorarla. Antes de hacer caso a esas advertencias sobre tus posibles fracasos, detente por un segundo y observa cómo actúan sobre ti.

 

5. Mantén una vida activa

Es muy importante que complementes tu trabajo sobre tu mente o tu espíritu con trabajo sobre tu cuerpo, tanto con buena alimentación como con algo de ejercicio físico.

Practicar algún deporte, ir a clases de pilates o yoga, salir a caminar o bailar, son actividades que te ayudan a sacarte del contexto de tus días, te cansan y mejoran así la calidad de tu sueño, incrementan tus niveles de autoconfianza por los progresos que puedes ir experimentando y, como ya sabemos,  el ejercicio físico libera una serie de sustancias en el organismo que aumentan nuestra sensación de satisfacción y felicidad.

Recuerda que tu nivel de actividad física necesitada dependerá también de cómo sea tu rutina diaria o del tipo de trabajo que tengas, y sobre todo, aléjate de esa creencia de que solo vale el trabajo intenso, el ejercicio moderado tiene muchos beneficios y ¡todo el mundo puede practicarlo!

Esta recomendación de hacer alguna actividad no tiene nada que ver con el incremento de confianza al mejorar el aspecto físico o perder peso, que también puede darse, pero no es el objetivo principal.
 

Cómo aumentar tu autoconfianza
 

En definitiva…

Lo más importante es identificar cómo actúan sobre ti esas creencias o pensamientos que minan tu autoconfianza para poder hacerles frente. No te dejes convencer por ningún argumento que vaya en contra de tus capacidades o de tu valía, ponte a prueba.

Tomar riesgos puede conllevar algunos fracasos, claro que sí, pero también te regalara infinidad de éxitos.