Ya sea porque tenemos intolerancia a la lactosa, porque hemos decidido seguir una dieta sin alimentos de origen animal o sencillamente porque queremos probar nuevos sabores o no abusar de los lácteos, las leches vegetales son una buena alternativa. De hecho, aunque las llamamos 'leches' en realidad el nombre correcto sería 'bebidas' vegetales, aunque por su aspecto y por la forma en que pueden consumirse -pueden tomarse solas, con cacao, usarse para cocinar e incluso para hacer postres-, se ven como un sustituto a la leche de vaca, aunque sus propiedades nutricionales sean distintas.

Elaboradas con un alto porcentaje de agua, las bebidas vegetales pueden ser a base de cereales ?como la leche de arroz o la de avena-, de legumbres ?como la de soja- o de frutos secos, como la de almendra, la de castaña o la de avellanas. Sus propiedades nutritivas varían según cual sea el alimento de origen con el que estén elaboradas.

La leche de arroz, por ejemplo, es rica en hidratos de carbono por lo que nos proporciona energía, además es muy digestiva por lo que está aconsejada si sufrimos algún tipo de desarreglo intestinal. La leche de almendras, por su parte, es muy nutritiva pues nos aporta vitaminas, minerales -entre ellos calcio- y fibra. Además, es rica en ácido oleico y ácido linoleico que protegen la salud cardiovascular y es una importante fuente de proteína vegetal. La leche de avena es también muy rica en nutrientes: nos aporta carbohidratos, proteínas y grasas monoinsaturadas, beneficiosas para el organismo. La leche de soja está entre las más populares aunque a menudo se elabora con soja de cultivos transgénicos.

Aunque parezcan una moda actual, las leches vegetales se han consumido en muchas culturas desde hace siglos. La tradicional horchata valenciana, por ejemplo, es una leche vegetal, elaborada a base de chufas y agua a las que se añade azúcar, aunque hoy existen también versiones no azucaradas.