¿Recuerdas cómo hace años contabas con impaciencia las horas que faltaban para el fin de semana, lo mucho que te apetecía salir con los amigos, ver a tu novio o acudir a una fiesta? ¿Y cómo te involucrabas en los proyectos, cuánta energía ponías en las cosas? Ahora todo te da pereza. Te sientes cansada para todo y nada te ilusiona. Desde fuera no tienes ningún problema, puede que tengas un marido perfecto, unos hijos adorables y un buen trabajo. Pero en la intimidad sientes que todo te aburre.

La desmotivación es la gran epidemia del siglo XXI. No es grave en sí misma pero sí es un atajo que conduce a la depresión. O, como poco, a robarnos la ilusión y a pintarnos la vida de gris. Desde El Prado Psicólogos apuntan cinco causas distintas para esa apatía:

  • El miedo a fracasar, al dolor...
  • La presión social: cuando no actuamos movidos por nuestros propios deseos sino por obligación o para complacer a terceros pronto perdemos fuelle
  • Nuestras necesidades, que han cambiado pero seguimos manteniendo las mismas metas. Esto es habitual tras varios años de matrimonio o cuando llevas varios años desempeñando las mismas funciones en el trabajo 
  • Ausencia de metas claras, es decir, actuamos por inercia, porque todo el mundo lo hace, sin pensar si nos ilusiona o no
  • Falta de desafíos que nos dejen mostrar todo nuestro potencial: Por ejemplo ese jefe que no te deja poner en práctica tus ideas
     

Lo primero es ser realistas: la vida no siempre es emocionante. Habrá períodos intensos, como cuando nos enamoramos o cuando nos acaban de encargar un nuevo proyecto, y rachas de velocidad de crucero. Lo importante es no perder fuelle, analizar qué nos está pasando y buscar nuevas metas motivadoras.
 

1. Haz un parón.

La vida a veces es como un ordenador: cuando se bloquea hay que apagar y volver a encender. O como los coches de hace años cuando se calentaban: déjalo enfriar. ¿Te aburre a morir el trabajo? ¿Sientes que no haces otra cosa aparte de informes intrascendentes? ¿Llevas tiempo sin encontrar una idea genial? Aprende a desconectar del trabajo en cuanto salgas de la oficina. Hacer deporte ayuda a desconectar y a aclarar ideas. Muchos grandes ejecutivos o estadistas salen a correr en algún momento del día para airear la cabeza. Que el bloqueo en una parte de tu vida no se convierta en un bloqueo general.
 

2. Recuerda por qué empezaste

¿Has perdido la ilusión que tenías en el primer curso de la carrera? ¿Ya no sientes lo mismo por tu pareja? Haz un flash back: evoca aquellos primeros días, qué te movía a hacer las cosas, recupera los motivos que te pusieron en el camino para volver a conectar con tus desafíos personales. Si a Darth Vader le funcionó después de casi morir en la lava, tú no vas a ser menos.
 

3. Céntrate en lo positivo

Los días tienen su noche. Y que levante la mano el emprendedor que no haya fracasado alguna vez (hasta Bill Gates o Steve Jobs tuvieron sonoros fracasos que acabaron incluso en despido). En los malos tiempos ten muy presente tus triunfos: si lo lograste una vez, puedes volver a hacerlo. Escríbelos en un post-it si es necesario y reléelos cuando te sientas alicaída.
 

4. No te compares con los demás

En este mundo hay top models, atletas olímpicos y premios Nobel. Son unos pocos. El resto intentamos dar la talla lo mejor posible con arreglo a nuestras posibilidades. Comparar tus progresos con los grandes solo te llevará a frustrarte. Deja de compararte y toma como referencia cómo eras antes. Si has mejorado –has adelgazado, consigues seguir todas las rutinas de una clase de crossfit, empiezas a soltarte a hablar en inglés…– siéntete orgullosa de ti misma. Y mañana, a por un peldaño más. 
 

5. Ponte nuevos retos

De acuerdo, tu trabajo es aburrido y alienante, pero lo necesitas para llegar a fin de mes. ¿Qué tal aprender fotografía, a bailar flamenco o a hacer surf? Cuanto más disparatado sea el reto, más te ayudará a olvidarte de lo que te tiene aburrida.