¿Has escuchado alguna vez el término procrastinación? Quizás no, ya que no es muy utilizado en el ámbito coloquial, pero ¿y sí te hablo de los ladrones de tiempo? Seguramente tu mente ya vaya encontrando algunas respuestas. Pues bien, hoy te voy a hablar sobre cómo dejar de procrastinar, es decir, cómo alejarnos de la no optimización de nuestro tiempo cuando tenemos que enfrentarnos a una tarea, situación o decisión importante.

Procrastinar viene del latín pro, adelante, y crastinus, referente al futuro, postergación o posposición. Por tanto, la procrastinación es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes y agradables.

Ocasionalmente, todos postergamos algo importante en algún momento. Empieza a ser un problema cuando nos perpetuamos en la idea de que mañana será otro día y, por tanto, ya lo haré. Esta mala regulación y organización del tiempo, sostenida en periodos largos, acaba por afectar a nuestro estado de ánimo, y por ende, a nuestro carácter y personalidad para con los demás y las circunstancias que la vida nos presente, al quedarse instaurada una conducta claramente evasiva.

 

Las situaciones de la vida en las que más habitualmente procrastinamos suelen ser:

Las tareas rutinarias del día a día: limpiar la casa, ir a comprar, organizar armarios, planchar, etc.

Lo que tenga que ver con nuestro cuidado y mejora personal: dejar de fumar, ir al gimnasio, terminar una formación que me aporta lo que necesito, hacer dieta… Los típicos propósitos de año nuevo, ¿no? Esas listas a día 31 de diciembre que acaban en la basura antes de que acabe enero –recuerda estos consejos para no caer en el error un año más–.

Los compromisos con los demás: no resolver un enfado con nuestra pareja, no dedicarle a nuestros hijos el tiempo efectivo que necesitan para construir vínculos afectivos saludables, no terminar a tiempo una tarea que se me ha mandado o esperar al último momento para prepararme la reunión que tengo con el cliente.


Visto así podemos afirmar que la procrastinación provoca una sensación de caos, frustración, de no poder llegar a todo, dado el número de tareas pendientes que tenemos. A la vez que agudiza los sentimientos de insatisfacción, inseguridad, inferioridad y estancamiento, lo que acaba mermando la confianza con uno mismo y con los demás, afectando enormemente a nuestras relaciones personales y sociales, reduce nuestra productividad y como vimos son lo más importante.

Aunque intentemos engañarnos a nosotros mismos de que trabajamos mejor bajo presión, lo cierto es que hay otros muchos motivos mentales y emocionales que nos impiden ponernos a hacer las tareas con tiempo o decidir las cosas de una manera segura y confiada:

 

  • La tarea o decisión a tomar no está alineada con nuestros objetivos. No tener claro el motivo por el que debo de hacer tal cosa, no ver la utilidad de la misma o las consecuencias positivas que de ella se puedan derivar, hace que nuestra motivación disminuya.
     
  • Las autodudas. La autoduda ocurre cuando juzgamos nuestras habilidades como deficientes o inadecuadas, lo cuál activa en la persona un proceso de autodestrucción.
     
  • Querer hacer varias cosas a la vez no ayuda a concentrarnos.
     
  • Bloqueos emocionales como el miedo al fracaso, a hacerte responsable de las consecuencias de tus propias decisiones, el perfeccionismo excesivo, la baja autoestima o la poca confianza en uno mismo son elementos habituales cuando hablamos de procrastinar.
     
  • Baja tolerancia a la tensión. Tiene lugar cuando tendemos a sobreactivarnos emocional, conductual y/o cognitivamente. También cuando nuestras metas se hacen difíciles de lograr o presentan algún tipo de obstáculo en la consecución de nuestros logros.
     
  • Efecto Zeigarnik, define la tendencia a recordar tareas inacabadas o interrumpidas con mayor facilidad que las que han sido completadas. Con este panorama, ¿quién encuentra motivación para ponerse manos a la obra?
     
  • Aprendizajes pasados de inutilidad. Por ejemplo, si previamente he hecho un esfuerzo por realizar una tarea y ésta no ha sido valorada, entendida y/o tomada en cuenta, aparece en mí el desasosiego o la desesperanza en el momento de entregar otra donde, considero, el resultado pueda ser el mismo.

 

cómo dejar de procrastinar

 

Pues bien, entendido el concepto, pasemos a ver cómo podemos combatir la procrastinación, ¿te parece?:
 

  • Regla de los dos minutos

Aunque pueda parecer muy simple es tremendamente efectiva, consiste en que si la próxima tarea o decisión la puedes hacer/tomar dentro de los próximos dos minutos –quien dice dos, dice tres, cinco o diez- hazla/tómala ya, aunque no sea urgente ni prioritaria. Esta regla que aparece en el libro Getting things done de David Allen (consultor e instructor de productividad), te ayuda a ir eliminando tareas de tu lista e ir cogiendo ritmo al sentirte activo/a y no evasivo/a.

Parte de la idea de que una vez que empezamos a hacer algo es más fácil continuar haciéndolo. Por ejemplo, si tienes que leer un libro para hacer un trabajo que no te apetece demasiado, y te dices a ti mismo/a leeré las tres primeras líneas, comenzando su lectura en los minutos posteriores a la decisión tomada, ¿qué sucederá? Pues lo más seguro es que sigas leyendo al menos hasta acabar la página que has empezado o el primer capítulo. Por tanto, esta regla invita a la acción y la acción, a su vez, invita a enfocarnos en lo que de verdad importa en ese momento concreto, leer.

 

  • Evita las distracciones

Debo ponerme a estudiar pero en lugar de hacerlo ojeo las redes sociales, miro el móvil, llamo a un amigo/a, me acerco a la nevera para ver si hay algo que se me antoja… ¿te suena este comportamiento? Pues esto también es procrastinación.

La mente es adicta al placer, por lo que busca satisfacer tal necesidad haciendo actividades sencillas que demanden poco esfuerzo, pero si una característica la define es que es plástica, ¿esto qué quiere decir? Que entrenándola se adapta a lo que queramos. Por tanto, aprender a disciplinar nuestra mente y reestructurarla para conseguir domar tales pensamientos evasivos será la clave del éxito para conseguir dejar de procrastinar.

 

  • Las cosas de una en una salen mejor

Cuando no sabemos ni por donde empezar, tendemos a procrastinar. Si partes de un objetivo muy grande, trata de dividirlo en objetivos más pequeños y fáciles de manejar, porque te resultarán mucho más asequibles. Si pese a todo, no sabes cómo hacerlo, no importa, ponte a hacer algo que tenga que ver con el objetivo, la inspiración te encontrará trabajando. 

 

  • Organiza tu tiempo, fíjate plazos

Una de las características más reconocibles de las personas procrastinadoras es la de disfrutar el placer de la recompensa inmediata, se mueven por impulsos, lo que les lleva a posponer las responsabilidades hasta el último momento. Creer que funcionan mejor bajo presión y que rinden más cuando se acerca el plazo final, es un autoengaño.

Ponerse una fecha límite y convencerse de que ésta es improrrogable ayuda a organizar mejor el tiempo sin correr el riesgo de «dejarlo para más tarde».

Seamos claros, la persona que dice que no tiene tiempo, miente. No tiene tiempo porque siempre dice que no lo tiene, esa es la realidad. ¿Eres una de esas personas?