Dicen que hubo un tiempo, no muy lejano, en el que se podía ser una persona casera y no pasaba nada, la sociedad no te rechazaba ni nada de eso. Personalmente, me es difícil de creer, pero claro yo ya soy de una generación en la que ser sociable, hacer muchos, muchos planes ­– con el pertinente testimonio gráfico en Instagram– es prácticamente una obligación, y las personas que disfrutan del calor de sus hogares son las nuevas cucarachas a las que debemos exterminar ­­–no podía faltar una referencia a Blackmirror– .

Nos han dicho que debemos madrugar para ir al gimnasio, después directos al trabajo, por la tarde estudiar un idioma, un máster o un curso de cerámica no sin antes haber tomado una cerveza con los amigos. Luego, vuelta a casa para pasar tiempo con la pareja/familia, cocinar algo sano, leer un poco y dormir. Así todos los días y vuelta a empezar.

Agotador, estresante y, lo peor, frustrante. Porque a veces, mientras tu estás en ese bar, el único afterwork que te apetece es el que te ofrecen las cuatro paredes de tu casa. Así que como has leído por aquí que quedarte en casa es la nueva forma de ocio, te envalentonas y dices "no" a todos los planes que te proponen, que hoy tú te quedas en casa.

Pero claro, ¿qué pasa?, que estás desentrenada: al minuto dos ya no sabes qué hacer, te invade una especie de síndrome de abstinencia y tu casa, esa gran desconocida, se torna tu enemiga. No todo está perdido, aquí tienes 10 cosas muy simples para reconciliarte con ella y empezar a ser muy feliz en casa.

  1. Sé ordenada. ¿Cuándo fue la última vez que ese frenético ritmo de vida tuyo te permitió poner orden en casa? –abstenerse las cum laude en el método Kon Marie, vosotras podéis pasar al punto 2 directamente–. Es un hecho, el desorden causa estrés; el orden es un refugio contra el estrés. Puede que te hayas acostumbrado a dejar la compra en la encimera, a sortear una pila de libros y a vestirte con la ropa sin colgar que has ido acumulando. Pero por cómodo que te parezca el orden es mejor opción. Lograrlo es muy fácil: antes de salir de una habitación dedica 3 minutos a volver a dejarla como estaba.
     
  2. Copia a los nórdicos. Si te gustó eso de disfrutar de los pequeños placeres de la vida que nos propone el Hygge, también te gustará este otro término nórdico –concretamente finlandés– que promulga la felicidad en el hogar: "kalsarikännit". Kalsarikännit es la maravillosa sensación de quedarte en casa, en ropa interior, bebiendo vino y sin la remota intención de irte a ninguna otra parte. Lo haces solo por disfrutar del momento. ¿Un gusto verdad? (El término no especifica si es sola o en compañía, eso ya es cosa tuya).
     
  3. Adopta una mascota. Tener una te hace más empático, ayuda a reducir el estrés y mejora tu humor. Todas me parecen razones suficientes, para llevar un animalito a casa pero es que además, las personas que tienen un perro desean volver y reencontrase con su fiel amigo. Si no puedes con un animal, prueba con las plantas –sí cuentan, que también son ser vivo–. No moverán la colita al verte cruzar la puerta pero al menos purifican el aire y generan un sentimiento de satisfacción al verlas crecer.
     
  4. Adiós teclado. Hola llamada. Cada vez más personas son conscientes de la necesidad de desintoxicarse de Whatsapp y similares. El rato que estés en casa puede ser la excusa perfecta para dejarlo a un lado y olvidarte de correos del trabajo –por supuestísimo– y otras conversaciones absorbentes. Si te apetece hablar, descuelgas el teléfono y llamas, que es mucho más cómodo y hace más ilusión.
     
  5. Haz la cama. ¿Para qué si esta noche vuelvo a deshacerla?, pensarás tú. Pues porque según Apartment Therapy, que a su vez se basa en el libro de Charles Duhigg's The Power of Habit, hacer la cama cada mañana tiene infinitos beneficios, entre ellos el de generar niveles más altos de productividad y felicidad.
     
  6. Escribe a diario. Por la mañana, algo breve: una frase que te motive a empezar el día o un objetivo que quieras cumplir, por ejemplo. Por la noche, justo antes de meterte en la cama, haz balance en clave positiva. Prueba a responder preguntas tipo: ¿Qué momento me ha hecho feliz hoy? ¿Qué he aprendido? Si eres más de números puedes puntuar del 1 al 5 diferentes aspectos de tu vida (amor, trabajo, sexo, salud, motivación…) y al acabar la semana hacer balance a ver qué tal ha ido la cosa.
     
  7. Gasta dinero en ella. Puede que renunciar a ese par de zapatos haya sido doloroso pero al comprar esa manta tan gustosa para tus momentos de sofá estás invirtiendo en tu felicidad en casa. Mejor aún si destinas el dinero a comprar cosas que vayan a cultivarte buenas experiencias caseras como una cuenta en Netflix para hacer sesión de cine el sábado o una pequeña barbacoa y pasar a ser la reina de la fiesta este verano. Que lo de ser feliz en casa no está reñido con la buena compañía, la juerga y el alboroto.
     
  8. Sí a los recuerdos bonitos. Es decir deshazte de los objetos inútiles y, sobre todo de los que te provocan pena o nostalgia –los regalos de tu ex entran en este saco–. Quita todo eso de en medio porque vas a necesitar espacio para todos aquellos objetos que te harán feliz solo con verlos. Llena una pared con fotos de tus momentos especiales, compra una pequeña artesanía en tus viajes… lo que sea porque, al final, los recuerdos son la forma de volver a disfrutar de las experiencias de la vida.
     
  9. Aprovecha para hacer lo que más te guste. Nadie te conoce mejor que tú. Si has elegido quedarte en casa aprovecha para hacer eso que te hace más feliz. Leer, coser, escribir, practicar yoga.. Las opciones son infinitas, tantas como actividades te apetezca probar. Puede que tengas platos que lavar o una lavadora que poner pero si te organizas hay tiempo para todo.
     
  10. Crea un santuario del descanso. Que dormir sí da la felicidad es algo que imaginábamos y son muchos los estudios como este que defienden que tras un sueño reparador nos levantamos más felices y motivadas.  Para conseguir que nuestro sueño sea eso, reparador, y así no condenar nuestro día al mal humor podemos convertir nuestro dormitorio en un santuario del descanso. Basta con colocar cortinas o estores; escoger un pijama con el que te sientas cómoda; quitarse relojes, collares, pulseras –el cuerpo se hincha por la noche y no queremos interrumpir el sueño–, silenciar el móvil y bloquear los ruidos (o incluso considerar el uso de tapones). Lo que sea para que nada ni nadie te fastidie tus 8 horas de sueño.