Las despedidas importantes nos producen vértigo, ya que, al desaparecer un pilar de nuestra existencia cotidiana, sabemos que la vida no volverá a ser como antes. En 1969, la psiquiatra Elisabeth Kübler- Ross establecía cinco fases para superar una pérdida. Este modelo se aplicaba a enfermos terminales, pero luego se vio que funcionaba ante cualquier adiós relevante, como un divorcio, un despido laboral o una ruina económica. Estas fases son: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Kübler-Ross señala que no todo el mundo pasa de forma ordenada por estas cinco fases. Hay quien solo transita por tres o cuatro de ellas o que incluso vuelve atrás para, a continuación, seguir con el proceso hasta la aceptación.

En cualquier caso, este sería el proceso que viene tras la despedida, pero en el caso de las relaciones –ya sean de pareja, familiares o con amigos– ¿cómo saber si ha llegado el momento de una despedida? Ante la duda de si está justificado alejarse —tal vez para siempre—, uno o más de estos motivos serían suficientes:

Cuando los enfados son constantes
Relacionarse implica afrontar de vez en cuando conflictos y malentendidos, pero si estamos casi siempre enfadados o en tensión, significa que no nos encontramos en el mismo momento vital y que quizás es mejor que cada uno siga su camino. La pregunta clave es: “¿esta persona suma o resta valor a mi vida?”.

Cuando la relación nos roba las energías

A veces se debe a algo difícil de concretar, pero tras estar con alguien nos sentimos exhaustos o pesimistas. Cada vez nos apetece menos compartir tiempo con esa persona, ya sea porque se trate de un vampiro emocional –y tenga una de esas personalidades tóxicas– o simplemente porque, al vivir en mundos diferentes, el esfuerzo para estar cerca del otro es agotador, como un imán tratando de unirse al polo opuesto.

Cuando nos resulta imposible comunicarnos

Porque la otra parte no escucha ni está dispuesta a hacerlo —tal vez no está preparada para ello—, o bien cuando hablamos “lenguajes diferentes” porque tenemos valores distintos y, por lo tanto, nos resulta imposible ponernos de acuerdo.

Cuando hemos dejado de confiar en el otro

Si la decepción ha sido grande o bien ha habido varias traiciones, lo mejor para ambas partes es dejar la relación. A veces será el otro quien tome la decisión sin que estemos de acuerdo. Puede que la persona haya observado alguno de los indicios que acabamos de señalar, o bien que se trate de una decisión egoísta, como dejar una pareja armónica y leal por otra que nos parece mucho más excitante.

Aprende a gestionar las despedidas en el número de enero de la revista Objetivo Bienestar