Nunca olvidaré, y han pasado más de 15 años, a mí primera profesora de yoga diciendo: “no se debe luchar contra las emociones, ni positivas ni negativas, solo hay que aprender a canalizarlas”. Yo en ese momento no lo entendía, porque lo que verdaderamente quería era dejar de estar triste o superar el miedo, pero ahora, visto desde la distancia, he aprendido a manejarme bien con toda esa toxicidad emocional.

¿Cómo? Existe un proceso natural de liberación de energía, buena y mala, que a lo largo de los años los humanos nos hemos empeñado en suprimir. Ignoramos las emociones negativas con la esperanza de ese manido “ya se me pasará” en lugar de aprender a tomar medidas naturales que nuestro cuerpo y nuestra mente nos ofrecen para que esas energías desaparezcan, o al menos las tengamos controladas.

1. Obsérvate a ti mismo: es la anécdota de mi profesora de yoga de la que os hablaba al comienzo. Tras una mala experiencia, la mayoría de las personas tratamos de fingir que no tenemos miedo o que lo que nos sucede, no nos afecta, pero este fenómeno debería ser completamente al revés; hay que aprender a liberar esa energía y a canalizarla en lugar de taparla y hacer como que “aquí no ha pasado nada”.

No se trata de luchar de manera frontal contra ella en plan kamikaze, “quiero estar bien, debo estar bien”, sino de expresarla e impedir que se acumule, porque su liberación puede acarrearnos más problemas (ansiedad, ataques de pánico, por ejemplo). Así que, la próxima vez que tengamos miedo, parémonos a pensar y reconozcámoslo: “sí, tengo miedo y es algo perfectamente normal”.

2. Trata de entender ese miedo: este miedo, como cualquier otra emoción, es energía, y por lo tanto siempre se puede aprender algo de ella. ¿Taquicardias? ¿Pesadez de extremidades? ¿Manos sudorosas? ¿Dolor en el pecho? El miedo se manifiesta en nuestro cuerpo de muchas formas físicas, así que, mirando el lado positivo de las cosas, no resulta difícil de identificar.

Llegados a este punto, analízate: ¿qué es lo que me ha hecho llegar hasta aquí? o ¿por qué me está pasando esto? El simple hecho de ser conscientes de lo que estamos viviendo y de no luchar contra esa emoción o ignorarla, ya nos ayudará a sentirnos más liberados.

3. La importancia de la respiración: algo tan innato en nosotros como el respirar pasa muchas veces inadvertido precisamente por eso, porque es natural. La respiración (y su práctica correcta) nos ayuda a estar en sintonía con nuestro cuerpo y nos apoya, además, en la lucha para liberar las energías que nos están haciendo daño.

A través de la respiración podemos concentrarnos en esa parte del cuerpo que tenemos agarrotada, que nos duele, que nos molesta y liberarla, poco a poco, sin prisas. Una de las mejores técnicas de relajación a través de la respiración es la del 4-7-8, que también se utiliza en aquellas personas con problemas de sueño, por ejemplo, lo cual no deja de ser otro bloqueo.

La técnica en tres pasos:

1. Preferiblemente sentados o tumbados, inhala por la nariz contando mentalmente hasta cuatro.

2. Ahora aguanta la respiración contando hasta siete.

3. Exhala completamente el aire de tus pulmones, poco a poco, contando mientras tanto hasta ocho, también por la nariz mediante una espiración profunda y sonora.

4. Repite el proceso.